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Mostrando entradas de diciembre, 2012
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En tiempos de prodigios…           El 2006 fue un annus horribilis. Cubríamos por entonces una primera etapa en nuestra lucha contra el “cangrejo asesino” cuyo nombre no quiero ni escribir. No sabía por entonces que aquel mismo año tendríamos que afrontar otras dificultades, para mí en algunos momentos, aún más difíciles. Tengo la sensación de que la espada de Democles se ciñó sobre mi cabeza y aún no me dejó libre. A veces miro hacia atrás y aún no sé de dónde sale mi fuerza, mi fortaleza para sobrellevar tanto peso y soportar tanto dolor. La vida me ha ido golpeando donde más me duele, como si conociera mis puntos débiles y me atacara directamente a través de ellos. Cuando me miro al espejo, veo como el tiempo y el sufrimiento no pasa en vano y por el camino voy dejando trocitos de mí que ya nunca podré recuperar. Es la vida, mi vida, que por alguna razón que aún no descubrí, me niega todo aquello que más deseo y me va despojando de...
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La última mirada…            Quien me iba a decir hace ya siete meses, que a punto de concluir el año, me encontraría al margen de las fiestas navideñas que tanto me gustaron siempre. El calendario ya no tiene fechas, ni los días horas. Observo el paso inexorable del tiempo y yo formando parte del devenir, sólo que ahora he dejado de regirme por cualquier cómputo o medida. Como ya dijera Heráclito: “todo pasa, nada   permanece. El  agua  de  un río no  pasa dos   veces por el mismo sitio…” para   explicar   la fugacidad del tiempo, como apenas llegado pasa y como nada pasa dos veces, por eso es importante atrapar las oportunidades que se nos presentan porque luego ya no hay marcha atrás.              Y esta provisionalidad de nuestra existencia desemboca, queramos o no, en el paso hacia otra forma de vida...
Entre mis viejos papeles… Mirando mis viejos papeles, encontré este poema o esta declaración de   intenciones y deseos. Trajo muchos recuerdos a mi memoria y lo dejo aquí para compartirlo.   Pido … De ti quiero la compañía buscada, la conversación inacabada, complicidad ante un paisaje. Quiero un segundo de belleza, dos, tres. Quiero retornar a la extraordinaria potestad de transformar el tiempo en momentos irrepetibles, sólo por nosotras conocidos. Quiero, lo digo mil veces, intimidad. También quiero la sonrisa franca de la generosidad innata, la que tengas, el perdón de los pecados y la dicha eterna. Quiero las noches y los días pero no todas, no, las que yo también quiera. Quiero las maletas siempre hechas o a punto deshacer, unas botas de pateo, artilugios para la playa, risas y aprender tu pasatiempo favorito. También quiero un descanso silencioso a media tarde, mi propio espacio y tiempo, mi propio ropero, robarte alguna camiseta y nada de compartir...

Qusiera ser Maga, que no reina...

Qusiera ser Maga, que no reina...           Todos los días a media mañana, pregunto a mi hijo como está a través del whassapp. Qué gran invento este oye y gratis. En fin, que me ayuda a reducir la factura de móvil y sin moverme de casa sé qué quiere que le lleve y sobre todo, me permite saber de él en tiempo real. Tener que escribir es un rollo pero muchas veces ayuda a decir lo que cara a cara no nos atrevemos. Yo aprovecho y le digo cada día que lo quiero y él, incapaz de decírmelo en la distancia corta, me contesta: y yo a ti. También me riñe muchas veces y se enfada, pero no puedo sino callar y decirle: vale, mañana iré para que me riñas otra vez… y así un día tras otro, desde hace seis largos o cortos meses, según se mire.             Hoy me tocó el corazón y me dejó sin palabras, porque hablando y hablando tocamos el tema del día de Reyes y le dije: a ver, tú qu...
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"Que no te cueste…"               Llevo días sin escribir…Lo dicho, muchas veces las palabras no llegan, no dicen, no expresan. No alcanzan la profundidad de los sentimientos y   entonces no hay mejor compañero que el silencio mudo, en la quietud de una inmensa soledad interior que te atrapa y dejas que te lleve como si flotaras en medio de un océano sin nombre y sin destino. Las musas me abandonaron o yo a ellas, que todo puede ser. Pero esta mañana, cuando como cada día me siento frente a mi ventana para refugiarme entre mis papeles mientras consumo  las horas del día, abro el correo y encuentro un email de P. S. la oncóloga, en repuesta a uno mío de ayer en el que le confesaba cuánto me costaba ponerme en contacto con ella para robarle esos cinco minutos que no tiene en darme respuesta sobre mi hijo. Su correo comienza así: "Que no te cueste…" Su generosidad me conmo...
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Una mirada desde los ojos de Abdul…                Cuando entré en la habitación él se ocultaba tras la cortina blanca que separan las camas de la habitación. Apenas pude ver la mitad de su cuerpo que casi no abultaba bajo las sábanas.   Mientras colocaba la ropa y nos instalábamos pude ver su figura aunque no su rostro, que permanecía escondido tras un libro pequeño- el Korán- sostenido entre sus manos acercándolo mucho a sus ojos para poder leer. Sobre la frente sus gafas y un pelo negro ondulado por el que asomaban las primeras canas, delataban que no era muy mayor.             Al cabo de un rato pude verlo de pié. Enjuto, delgado, débil y lento en sus movimientos, arrastraba los pies calzados con unas chanclas de goma apoyándose en un tacataca para poder desplazarse. Saludó tímidamente con voz baja y asintiendo con la cabeza. Así de esta...
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Un amor a primera vista…               La primera vez que la vi, supe que el destino la había traído a mi vida. La candidez de sus ojos me conquistó de inmediato. No es que fuera especial respecto a otras pero para mí sí. Su mirada conquistadora, sus movimientos insinuantes de cadera al andar auguraban un futuro atractivo y atrayente de miradas y deseos ajenos…Tal y como más tarde fue, pues atrajo pronto la atención de quienes la rondaron,   sedientos de amor.               Desde que llegó a casa cambió mi plácida vida, pues su juventud –teniendo en cuenta que le sacaba unos años- me obligaba salir y trasnochar más de lo que hubiera querido. Podría contar miles de anécdotas pero no viene al caso. Ella se hizo mí y yo a ella. No puedo olvidar sus caricias y besos en el sofá, del que casi se apodera…Me estremece pensar en cómo me esperaba en casa y al l...