Una mirada desde los ojos
de Abdul…
Al cabo de un rato pude verlo de
pié. Enjuto, delgado, débil y lento en sus movimientos, arrastraba los pies
calzados con unas chanclas de goma apoyándose en un tacataca para poder
desplazarse. Saludó tímidamente con voz baja y asintiendo con la cabeza. Así de
esta guisa paseaba su figura por el largo pasillo de la planta, destacando su
pelo oscuro entre el resto de enfermos pertenecientes a lo he dado en denominar
“el club de las cabezas rapadas”.
Abdul –que significa “siervo de
Dios” en árabe- tiene una historia parecida a la de otros se llamen como se
llamen. Para mí ahora es especial porque es cercana y me tocó la fibra.
Marroquí, de un pueblecito próximo a Casablanca, llegó a España no sé cómo pero
seguro que buscando una vida mejor sin saber que sería aquí, en este país,
donde seguramente descansarán sus huesos en alguna fosa común porque
posiblemente nadie lo reclame por falta de medios para llevárselo. Este es su
gran dilema. No puede irse porque está enfermo y necesita hospitalización y
cuidados paliativos que en su país no tendría y a cambio debe afrontar sólo su
desgraciado destino.
Al día siguiente cuando despertó me
pidió perdón porque hablaba mucho dormido, le dije que sí, que era verdad, pero
que estuviera tranquilo porque soñaba y se expresaba en árabe. Me sonrió con ternura y
una tristeza que vive desde dentro, esa tristeza que se apodera de algunas
personas y se instala en tu corazón para siempre. Ya como conocidos, estuvimos
hablando de cuanto aquí estoy narrando. Y entonces pensé que sería grato para
él hablar de su país de origen.
Abdul, -le dije- ¿eres marroquí
verdad? Asintió y me dijo el nombre de un lugar que no entendí aunque mencionó
Casablanca y entonces afirmé: ¡Conozco Casablanca!. Sus ojos se iluminaron por
primera vez. ¿Tú conoces Marruecos? Sí. Y le conté mi viaje. Hablamos de la
Medina de Fez, de su hamman y del guía que se llamaba como él. De Kenitra, de
lo “malo que había sido Hassán II”- como él dijo- así como también que conocía el libro que yo había leido en el que
se cuentan los horrores, crímenes y aberraciones de este monarca con su propio pueblo;
del precioso Mausoleo de Mohámed V, de la riqueza de la Guardia Real que lo custodia
y del Imán que permanece continuamente leyendo las suras del Korán…¡¡Qué decir
de Marrakech!! La ciudad que te recibe con un oasis de palmeras. Nos detuvimos
hablando de su famosa Plaza Djem’a el-Fna un lugar mágico donde los
encantadores de serpientes te dejan boquiabierta, de sus puestos de zumos y
frutas; de la música que suena cada noche; de su medina y la Mezquita Aljama con
su célebre minarete, la Koutoubia, gemela de la Giralda; de los románticos
jardines de la Menara… De los curtidores de Tetuán, donde nada más entrar los
fuertes olores casi te hacen vomitar y sin embargo no dejas de visitarlos. Le
comenté que Rabat, sede principal del Monarca y capital, estaba en fiesta, comentándole sobre la seguridad del Palacio, residencia oficial del Rey. Me preguntó
por la comida y alabé particularmente la famosa sopa –harira-
que ellos toman durante el Ramadán, muy rica y reconstituyente, el tajime de pollo o cordero, el couscous y los dulces que se hacen en la “fiesta del
cordero”…Hablamos y hablamos de las excelencias de su país y de los tópicos que
impiden a determinadas personas viajar para conocerlo. Insistía en las bondades del nuevo monarca, en los últimos cambios habidos, subrayando la necesidad de conocer Marruecos en diferentes estaciones que añaden nuevas luces y tomalidades. Citamos la ciudad de Ifrán como ejemplo. Rodeada de montañas nevadas que ofrecen un
paisaje similar a otros de Europa, por lo cual atrae al turismo de esquí, tan distinta cuando la localidad viste el verano. Allí- comenté- iban los miembros
de la guardia personal de Hassán II de vacaciones pagadas disfrutando de lujos
y mujeres…o eso dicen.
Finalmente de mi propia cosecha
añadí comentarios sobre sus playas vírgenes, pequeñas calas que encuentras recorriendo
la costa de camino a Tánger. De los aromas, colores y contrastes de las especies que metidas en grandes sacos
se pueden comprar en los mercados o zocos. Marruecos un país de grandes
contrastes sociales, en el que conviven la riqueza de unos pocos frente a una mayoría de
pobres que apenas subsisten con un salario de risa y donde los niños juegan con
balones que ellos mismos fabrican con restos de telas y plásticos envueltos,
luciendo camisetas del Barça con los nombres de viejas glorias del futbol…
Mientras, las mujeres siguen siendo una moneda de cambio, ciudadanas de tercera
que continúan reclamando sus derechos…Los ojos de Abdul se enturbian tras este
rápido viaje a través de la memoria. Y enseguida se recoge en su cama, cierras
los ojos y se duerme plácidamente como un niño a quien acaban de leer un
cuento…
Este post es para ti Abdul, con mi
gratitud por tu sonrisa amable, la ternura de tu rostro y ese pequeño viaje
compartido. Que Alá te proteja y te ayude a traspasar la última de las
fronteras.
Sibila
Cumana

