La última mirada…

           Quien me iba a decir hace ya siete meses, que a punto de concluir el año, me encontraría al margen de las fiestas navideñas que tanto me gustaron siempre. El calendario ya no tiene fechas, ni los días horas. Observo el paso inexorable del tiempo y yo formando parte del devenir, sólo que ahora he dejado de regirme por cualquier cómputo o medida. Como ya dijera Heráclito: “todo pasa, nada   permanece. El  agua  de  un río no  pasa dos   veces por el mismo sitio…” para   explicar   la fugacidad del tiempo, como apenas llegado pasa y como nada pasa dos veces, por eso es importante atrapar las oportunidades que se nos presentan porque luego ya no hay marcha atrás. 

            Y esta provisionalidad de nuestra existencia desemboca, queramos o no, en el paso hacia otra forma de vida. La última estación de nuestro recorrido, el tránsito hacia el más allá del que no sabemos nada. En la actualidad nuestras sociedades occidentales han dejado de lado la cultura de la muerte.Se impuso el materialismo, el apego por el lujo y la superficialidad. Los avances científicos, la calidad de vida, la higiene, que hace apenas un siglo se impuso, ha conseguido una longevidad mayor para todos, olvidando que antes o después estamos avocados al mismo destino. Apartamos a los niños y a los jóvenes de este trance, les mentimos cuando nos preguntan para que no sufran, consiguiendo así rodear un hecho natural en una especie de tabú que nos produce espanto y horror. En el reverso de la moneda, cada día miramos insensibles en la televisión, las imágenes de niños desnutridos, asesinatos y crímenes, mientras comemos tranquilamente en nuestras casas…Hemos olvidado que nada es para siempre, que nadie posee la verdad absoluta, que la vida es caduca y pasajera, que nuestras vidas están conectadas porque todos tenemos un destino pero existe además un destino común para todos.

            Puede que nada de esto pululara en mi cabeza sino fuera por las circunstancias que me rodean y me afectan. Llevo siete meses tratando de encontrarle sentido, busco respuestas que me convenzan, que me quiten el miedo y  me ayuden a vivir esta etapa en paz. Deseo la paz interior, esa que me  haga sentir que asumo, que acepto, que me rindo a un final triste y doloroso, que llegará cuando sea, pero que está ahí. Quisiera creer en los milagros, pero sinceramente,  si existen que pueda que sí, no creo que me toque. Siempre me tocó perder, renunciar, desprenderme...

            Todos estos pensamientos los escribo porque necesito poner palabras a cuanto voy sintiendo, pensando, madurando…encaminando mis reflexiones hacia nuestro último trance, porque quiero creer que más allá de la vida algo o alguien nos espera  en un lugar mejor donde los ciegos vean y los inválidos puedan andar. Confío o quiero confiar en que mi hijo pueda volar ya transformado en una “preciosa mariposa” (E.K.R), que no tenga dolor, ni sufrimiento alguno y sea absolutamente feliz. Ya no necesitará mis cuidados y será él quien vele por mí, por nosotros. Me preparo hasta donde puedo, para contemplar su última mirada con entereza, dignidad y todo mi amor.

                                                                                                           Sibila Cumana



P.D. Lectura recomendada.

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