La última mirada…
Y esta provisionalidad de nuestra existencia desemboca, queramos o no, en el paso hacia otra forma de vida. La última estación de nuestro
recorrido, el tránsito hacia el más allá del que no sabemos nada. En la
actualidad nuestras sociedades occidentales han dejado de lado la cultura de la muerte.Se impuso el materialismo, el apego por el lujo y la superficialidad. Los
avances científicos, la calidad de vida, la higiene, que hace apenas
un siglo se impuso, ha conseguido una longevidad mayor para todos, olvidando
que antes o después estamos avocados al mismo destino. Apartamos a los niños y
a los jóvenes de este trance, les mentimos cuando nos preguntan para que no
sufran, consiguiendo así rodear un hecho natural en una especie de tabú que nos
produce espanto y horror. En el reverso de la moneda, cada día miramos
insensibles en la televisión, las imágenes de niños desnutridos, asesinatos y
crímenes, mientras comemos tranquilamente en nuestras casas…Hemos olvidado que
nada es para siempre, que nadie posee la verdad absoluta, que la vida es caduca y pasajera, que nuestras vidas están conectadas porque todos tenemos un
destino pero existe además un destino común para todos.
Puede que nada de esto pululara en
mi cabeza sino fuera por las circunstancias que me rodean y me afectan. Llevo siete
meses tratando de encontrarle sentido, busco respuestas que me convenzan, que
me quiten el miedo y me ayuden a vivir esta etapa en paz. Deseo la paz interior,
esa que me haga sentir que asumo, que acepto,
que me rindo a un final triste y doloroso, que llegará cuando sea, pero que está
ahí. Quisiera creer en los milagros, pero sinceramente, si existen que pueda que sí, no creo que me toque. Siempre me tocó perder, renunciar, desprenderme...
Todos estos pensamientos los escribo
porque necesito poner palabras a cuanto voy sintiendo, pensando, madurando…encaminando
mis reflexiones hacia nuestro último trance, porque quiero creer que más allá
de la vida algo o alguien nos espera en
un lugar mejor donde los ciegos vean y los inválidos puedan andar. Confío o
quiero confiar en que mi hijo pueda volar ya transformado en una “preciosa
mariposa” (E.K.R), que no tenga dolor, ni sufrimiento alguno y sea
absolutamente feliz. Ya no necesitará mis cuidados y será él quien vele por mí, por nosotros.
Me preparo hasta donde puedo, para contemplar su última mirada con entereza,
dignidad y todo mi amor.
P.D.
Lectura recomendada.