Mis ojos, tus ojos...


Esta mañana pasé por la playa donde descansas...Crucé ese pequeño puente de madera, el mismo que recorrí aquel día portando tus restos en mis brazos como una zombi, impulsando cada paso movida por una extraña fuerza, como si yo misma me llevara a empujones, con la conciencia confusa, medio enajenada...El tiempo ayuda hijo. Coloca las emociones en su sitio, el dolor permanece siempre que recuerdo aquellos días, pero el sufrimiento pasa y aprendo a vivir otra vez. Ahora tu imagen me llega plena de gratitud y te veo sano, fuerte y guapo, tanto, tanto, que eres capaz de dibujarme una sonrisa... Así quiero recordarte...

Cuando te fuiste me quedó un enorme vacío. He tardado en comprender cuánto me dejaste para que no me sintiera tan sola y el estupendo regalo que me hiciste haciendo que tus ojos sean los míos y desde detrás de una cámara aprenda a mirar la vida.  Hacer fotos me ha aportado una mirada nueva y una nueva mirada que te debo a tí. Tu afición por la fotografía y mi deseo de conectar contigo para seguir conociéndote, me ha permitido disfrutar de nuestro entorno, de su belleza, algo que antes me pasaba desapercibido. Gracias a la fotografía he aprendido a valorar la naturaleza, a sorprenderme delante de las pequeñas cosas y a escudriñar la vida y acabar agradecida cada día por cada amanecer.
Así que sí,  mis ojos son los tuyos. Gracias por este legado. Te quiero hijo.

Entradas populares de este blog

Tú, yo, nosotros...

Viviendo en un ascensor...

De regreso de la calle Fontanares...