Otra primavera...

   

Durante un tiempo pensé que cerrar el duelo me ayudaría. Más adelante creí que ya estaba cerrado el ciclo y solo tenía que continuar caminando. Hoy considero que la pérdida de mi hijo me dejó una dolencia que no tiene cura...El ejemplo más recurrente podría ser 'la diabetes'...Nadie sabe que eres diabética si no lo dices y puedes llevar una vida normal externamente, pero la realidad es que no podrías sobrevivir sin el aporte diario de una dosis de insulina... Así vivimos las madres que perdimos un hijo, enfermas por dentro, aunque al levantarnos cada mañana ocultemos nuestro dolor con un vestido de dignidad, entretejido con hilos de amor y voluntad, cosidos con entereza, encarando la vida que nuestros seres queridos no pudieron vivir...

Este es mi testimonio, lo que siento cuando me levanto aunque sonría a quienes me rodean, aunque siempre que me pregunten ¿cómo estás? yo diga: ¡bien! ¡estoy bien!...La verdad, la auténtica verdad es que una parte de mí murió el mismo día que mi hijo...La verdad es cuando miro hacia atrás ya no me reconozco. La verdad es que vivo una vida prestada, reconstruida y reinventada... como yo...

Y de nuevo huele a primavera. Con ella el ánimo vuelve a jugarme una mala pasada. Toca acoger las emociones que más duelen, los recuerdos se tornan presentes y veo a mi hijo tomando el sol, aprovechando ese rayito que sale incluso en día nublado como este... Y es lo que hay, me digo. Me tomo la dosis de 'insulina' y sigo adelante...En unos momentos me visto con mi mejor dignidad...Pero antes me permito un suspiro y dejo correr una lágrima por mi mejilla...

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