El tercer aniversario
Durante toda la semana mis pensamientos no podía dejar ir hacia atrás. Hace tres años estábamos en medio de una vorágine de emociones y sufrimientos. Conscientes de que todo se acababa, con sentimientos encontrados porque no queríamos que se fuera y al mismo tiempo no soportábamos su dolor y este estado de deterioro que convirtió a un chico joven, fuerte y guapo en un viejecito enjuto, demacrado y débil. Y ocurrió. Tal día como hoy, dia de los enamorados, asido de las manos de su novia y su hermana con la mirada perdida, rindiéndose muy a su pesar.
Mi hijo se marchó para quedarse, porque sigue aquí entre nosotros y con nosotros, de otra manera y para siempre. Esta es la conclusión a la que llego. Aún sigo teniendo conatos de reveldía, me parece tan injusto!!Cada día, muchas veces al día pienso en él, intento recordar su voz, sus gestos, su olor. Miro sus fotos y me recreo en sus manos, en sus ojos, la forma de sus cejas...paso mi dedo por encima y lo dibujo porque tengo miedo de llegar a olvidarme. A veces hablo con él y evocando recuerdos de su infancia me arranza una sonrisa y muchas veces una lágrima cae sin control por mis mejillas. Nada es igual sin él ni yo soy quien fui. Esta es la realidad y llore, patalee o grite, nada la puede cambiar. Sólo puedo decir que todo este tiempo me ha fortalecido, crecer como persona, como mujer y como madre.
Y después de mucho tiempo descubro que hay una lengua, la hebrea, contiene una palabra cuyo significado define a las madres que han perdido a un hijo "Shjol", preciosa palabra a la que creo tenemos derechos. Así me defino y así me siento.
Shjol.