Acogiendo tus recuerdos...
Querido hijo:
En este día que celebramos tu santo, el de tu abuelo y tu padre, es imposible no tener un recuerdo especial hacia ti. Intento hacer memoria y no recuerdo que te regalé el último año, tal vez porque posiblemente ya estabas ingresado y yo me sentía abrumada, sobrepasada por todo lo que ocurría sin dejar de esbozar una falsa sonrisa para evitar alarmarte. Como siempre, trataba de protegerte, necía de mí, nada ni nadie podía hacerlo!
Era el verano del 2012, que pasó sobre nosotros como un tornado aunque, finalmente, solo te llevó a tí y arrasó todo lo demás. Desde entonces ya nada es ni será como era o como fue. Todo este tiempo desde tu marcha, en febrero del año siguiente, ha sido un tiempo de duelo, de recogimiento, de silencio y soledad en que aprendí tanto, tanto!! Te conozco más y mejor, te quiero aún más por todo ello, te doy las gracias por todos los legados que me dejaste. He conseguido conquistar espacios en los que conectar contigo, compartir tus aficiones y hasta sentarme en tu chiringuito preferido para hacer lo que más te gustaba, vivir. Y mi vida es muy rica ahora gracias a tí. Parece del todo una locura, pero aceptar tu muerte ha servido para asumir mi vida y lo hago con gratitud. Eres mi guía, el faro siempre encendido en el horizonte, siempre recordándome que hay que seguir, levantarse y seguir, siempre.
Aún así, solo puedo experimentar una gran serenidad interior. Examiné mis errores, me enfadé, me arrepentí y, probablemente, estoy empezando a perdonarme, a dejar de mirar atrás con la culpa, el peso de lo que hice mal o lo que no hice y me dispongo a seguir aquí, asumiendo tu ausencia, tranquila, en calma, acogiendo tu recuerdo. Mi corazón siempre está contigo y en mis pensamientos, te veo, te miro y te abrazo
Mamá