Petardos in memoriam...

           Querido hijo: Si alguna vez pensaste que olvidaría el sonido de los petardos en la última noche del año, es que no sabías bien cuánto puede llegar a querer una madre a su hijo...Estas Navidades han estado cargadas de soledad, tu presencia ha sido una experiencia mayor aún que las Navidades pasadas, tal vez, porque mi consciencia de tu ausencia definitiva de esta vida, en esta dimensión y de esta naturaleza, es mucho mayor. Nuevamente entró el año por la puerta trasera y me pilló dormida y sin las uvas puestas. No puedo soportar que no estés, hacerme la foto de rigor contigo tan guapo como ibas con tu traje y corbata, que sólo te ponías este día del año...No tenía por qué brindar, ni con quién, así que los sueños eran la alternativa más a mano y cómoda. Dormir, desconectar de la vida y tener la posibilidad de soñar, cosa que no recuerdo. Al día siguiente fui hasta la playa, con tres petardos que estallaron en la orilla y que espero te llegaran. Son los pertardos  for ever, los que nunca dejarán de sonar cada primero de año mientras yo tenga un soplo de vida.
       Y hoy, día de Reyes, me entristece el recuerdo de aquellos despertares maravillosos, plenos de magía, cuando entrábais en el salón y veíais vuestros deseos hechos realidad. Mis tres patitos por orden de estura, reconociendo sus encargos y yo, "la reina maja, Melchora", feliz de mis hijos, de su inocencia y su felicidad.     
     Gracias por tanto que me diste y me enseñaste y por tu merecido y agracedido recuerdo. 


                                            Sancti Petri, primer día del año 2015.

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