Segunda Navidad sin tí...

     Desde hace días huele a Navidad. En el super cerca de casa hace ya un més que veo polvorones, rosquillas de vino, turrones y mazapanes, anticipando la llegada de estas entrañables fechas. A pesar que encontrarme aún en los últimos tramos del proceso de duelo, a pesar de sentir el mismo desgarro, el mismo dolor, cuando vienen a mi memoria las imágenes de aquellos últimos días, tengo mayor sensación de paz y quiero a mi hijo mucho más de lo que ya le quería entonces. Hace poco encontré en su ordenador un vídeo muy corto, de apenas unos segundos y el alma se me llenó de tristeza porque al orli la primera vez, no reconocía su voz. ¡Cómo es posible! Me costó asumirlo y lo pensé durante días, me castigué y al final, me quedé con el hecho de haber podido escucharle después de casi dos años.
     Este 2014 ha sido desolador para mí. Si ya era dificil, aún lo fue más cuando me jubilaron por sorpresa incapacitándome para ejercer mi profesión. De repente me ví inmersa en esa sucesión de un duelo interminable, de días sin rutina, de tiempo vacío que llenar y de una gran soledad. Los seres humanos podemos desarrollar eso que los pasicólogos llaman "resiliencia", de manera que somos capaces de sobreponernos a las situaciones más hostiles, complejas y traumáticas, para renacer y reinventarnos, como madre, como mujer y como ser humano. 
     En este camino estoy y en ese punto en que comienzas a divisar una lejana y tenua luz en el horizonte hacia el que me dirijo. Mientras camino, intento tomar cociencia de todo cuanto encuentro a mi paso, tratando de disfrutarlo sin sentirme culpable por ello. 
     También esta Navidad permanecerán los adornos en sus cajas. Sólo una vela roja y una flor de Pascua rememorán aquellos días en los ninguna silla estuvo vacía.




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