Pensamientos...

Querido hijo:

Se aleja el verano aunque no tu recuerdo. Año y medio sin tí es mucho y es poco, según se mire. No dejo de pensar que nada ocurre porque sí, que todo está interconectado y si estamos atentos, comprendemos, incluso vemos como confluyen y se entrelazan los acontecimientos de nuestra vida. Así que intento estar alerta y no dejar que nada se me escape. 
Por aquí nada es fácil, nada es cómo era. Cómo un tornado que se hubiera llevado todo, andamos reconstruyendo nuestra casa, nuestra vida, a implusos a veces, casi obligados otras, porque según dicen la vida continúa...Tu presencia se ha vuelto serena y tranquila, permaneces entre nosotros en las actividades cotidianas, en lo que hacemos y decimos. En ocasiones, incluso nos haces sonreir cuando contamos tus cosas y una sensación de enorme paz y ternura nos embarga, aunque a continuación un pellizco  nos atrape por dentro y se haga un pequeño silencio. En él nos recogemos y guardamos ese recuerdo de nuevo en su sitio porque, otro día, volveremos de nuevo a él. Así pasa mi tiempo hijo, mirando en el espejo las huellas del pasado que vuelve para recordarme que nada es gratuito y que el don de la vida, a veces se nos niega y otras nos da tregua.
Te imagino observándonos desde ese otro lado, te pienso infinitamente feliz custodiándonos, cubríéndonos de una halo protector, sabiendo que nada podrá alterar el ritmo, derramando sobre nosotros alientos de esperanza, sosiego y serenidad para afrontar nuestras vidas materiales, físicas y caducas. No dejes de hacerlo y espéranos para cuando llegue la hora de volver a encontrarnos. Te quiero. 


Entradas populares de este blog

Tú, yo, nosotros...

Viviendo en un ascensor...

De regreso de la calle Fontanares...