Volver a empezar...

Mi querido hijo:

     Puede que tenga este blog en silencio, aparentemente olvidado. Créeme, no es olvido. Se me agotan las palabras y se apodera de mí el sin sentido, la sensación de estar presente y ausente, el sabor de la amarga derrota. Sí, hijo, me siento derrotada, vencida, ajena, plana, desmotivada, desganada, desgastada, desesperanzada, desencantada, sola...Los caminos explorados para poder acompañarte, para estar contigo hasta el final, los mismos que fueron mis anclajes, sólidos y firmes como las raíces de un árbol milenario, ahora parece que no son suficientes para sostenerme. La verdad, no sé qué hacer. Tu ausencia es cada vez más real y al tiempo más fuerte mi convencimiento de que estás, aquí y ahora, aunque de otra forma, en otra dimensión, en ese otro "lugar" donde fluye la energía eterna fuente de toda vida, energía pura que no necesita nada, que no es estar sino ser...

     No dejo de pensarte cada día. Quienes me rodean tienen la osadía, el atrevimiento de decirma que ya va largo, que ya estiempo de empezar, de retornar a la vida, Sí, hijo, se atreven a opinar sobre lo que no saben. El dolor no tiene tiempo, no puede acotarse. Aprender a vivir de esta otra forma, es como tú bien sabes, muy complicado, un gran reto. Cuando tuviste que aprender a usar bastones para todo, te costó mucho y luego, cuando tuviste la segunda inervención, esa vez en el hombro, a mí me asustaba verte caminar con esa cojera, negándose a ir sentado en una silla...Soy mucho más cobarde que tú por eso admiro tanto tu valentía y entereza. Ayúdame a seguir, guía mis pasos y sé la energía que fortalezca mi espíritu. Te quiero mucho, ojalá pudiéramos volver a ser y a estar.

M. P.


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