Recordar en color...

     Como la vida misma, como el alma, como cuando acaban de darte un susto, como las fotografías de nuestros padres o abuelos...En blanco y negro, con sombras de un claroscuro en el que sólo se diferencian los grises, que en sus diversos tonos, sustituyen los colores de vestidos, paisajes, fondos...Tras la ventana un cielo plomizo con leves conatos de querer despejar. Algunos árboles cuyas pocas hojas arrasó el viento que acompaña este mal tiempo. Los cristales empañados y los coches mates, embarrados mientras ruedan de vez en cuando por la carretera.
      Hoy es un día para estar en casa, al calor del brasero o la chimenea...Y como los recuerdos no cesan de acudir a mi memoria, esta mañana me vino a la cabeza aquellos días lluviosos y fríos de otros inviernos que se antojan ya lejanos, aunque al evocarlos lo hago con la sensación de que son muchísimo más reciente. 
     Mis hijos madrugaban incluso los fines de semana. Estaban acostumbrados a acostarse pronto para ir al colegio y cuando llegaba el viernes, aunque hacían muchos planes para irse a dormir más tarde, el sueño le iba venciendo y yo tenía que llevarlos a la cama. Les acostaba y les arropaba y siempre me paraba en su puerta para verlos tapaditos, descansando soñando quién sabe con qué. El caso es que pasar un fin de semana sin poder salir por el mal tiempo, con tres niños pequeños es una prueba de fuego y yo acababa un poco histérica, enfadada, más cansada aunque eso sí, al final siempre me reía con ellos. Los niños disfrutaban fastidiando a su hermana, era su diversión favorita. Ella protestaba, gritaba, me llamaba...yo preguntaba, ellos me contaban, yo les reñía y la escena se repetía una y otra vez...Ahora también a mí me parece divertido. Lo más importante, lo verdaderamente fascinante es poder recordar a los tres.
     Por aquel entonces los otoños e inviernos pasaban como primaveras, llenos de color, de aromas a nenuco, sabores a bocadillos de nocilla, a huevos kinder...tardes entre tareas escolares, capítulos de barrio sésamo y Espinete, baños y cenas en pijama, juguetes desparramados...Voces de mis hijos que resuenan en mi interior, guardadas celosamente en una memoria que hoy se torna en claroscuro y me dibujan una amplia sonrisa.

M.P. 

                                               


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