Promesas pactadas...

  


      Cuando pasamos los primeros meses de estancia en la quinta planta de oncología del hospital sevillano "Virgen del Rocío", vivimos en un estado de continua perplejidad. Día a día presenciábamos aquel pasillo habitados por "cabezas rapadas" que desfilaban y paseaban a diario de una lado a otro en un pequeño recorrido, ajenos todos al mundo exterior. Los enfermos pálidos y amarillentos, las familias blancas y ojerosas, todos cansados y todos cumpliendo con nuestro papel. Los pacientes disimulando su sufrimiento, los acompañantes simulando una positividad y optimismo tras la cual se ocultaba el cansancio y la desesperanza; el personal sanitario nos cuidaba a todos, nos alentaba incluso en los momentos más difíciles y todos, todos, explerimentábamos el sabor del miedo...
      Un  día, entre las batas blancas de los médicos y enfermeras, aparecieron otras batas blancas con galones azules sobre los hombros y botonadura dorada. Si mi hijo hubiera sido pequeño, hubiera podido fantasear haciéndole imaginar que se trataba de generales o almirantes al mando del ejército que formaban los oncólogos y demás médicos, esos superhombres creadores de pócimas mágicas anaranjadas y amarillas que curarían su enfermedad...Pero no era un niño, ni el ánimo daba para inventar cuentos, así que conforme se acercaron a nuestra habitación, supimos que no eran sino voluntarias de la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer). Voluntarias/os que se acercaban a los pacientes para ofrecer su compañía, para poner a nuestra disposición los pocos recursos con que contaban, en definitiva, para hacernos saber que no estábamos solos...A mi me pareció un gesto de enorme generosidad ceder una parte de su tiempo, de sus experiencias personales, sus aptitudes, para ponerlas al servicio de quienes sufren sabiendo que sufrirás con ellos. Me parece que en medio de esta sociedad materialista y consumista en la que proliferan el egoismo, el anonimato, el pisoteo de unos en favor de otros...una sociedad donde las instituciones han perdido los paleles y los ricos son más ricos gracias a los que somos mas pobres, ponerse una bata blanca para compartir las miserias, el dolor y la enfermedad con respeto y generosidad, a mi, ésta que suscribe, le pareció y le parece un gran reto, un ejemplo, un paradigma que cuajó en mi mente y en mi corazón. Así que un día le dije a mi hijo: "cuando me jubile, dedicaré parte de mi tiempo como voluntaria en la Asociación contra el Cáncer". 
     Hijo, sigo en ello, las promesas pactadas no fueron fruto de un instante de sensibilidad sino el resultado de una verdadera experiencia solidaria contigo y con quienes como tú tienen que vivir bajo la pesada y amenazante espada de Democles. Pacté contigo una promesa que será la primera en cumplir como jubilada. Así que el martes tengo mi primera cita en la Asociación. Sé que te sentirías orgulloso. Yo sólo quiero colaborar y dar un poquito de algo que por primera vez en la vida tengo para mí sola: tiempo.

M.P.

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