Nuestro primer aniversario...


 Mi querido hijo:

     Hoy el día continúa gris. Conservo la esperanza de que algunos rayos de sol acaben reluciendo sólo para tí, porque sé cuánto te gustaba sentarte alzando tu rostro para sentir su calor...Un año ha pasado ya desde que te marchaste. Algunas cosas han cambiado y están cambiando a mi alrededor. En realidad creo que me marché por un instante contigo, algo así como cuando te duermes sin querer apenas un segundo, y al volver algo dentro de mí había cambiado para siempre. No somos quiénes éramos Carlitos, como tú. 
     Siento profundamente que la enfermedad nos impidiera disfrutar de nuestra compañía, de nuestras conversaciones, de algunas risas...Siento que el dolor no te dejara ser más tú y que el miedo a desmoronarte te condujera a vestirte con  una coraza, dura y fría, mientras por dentro te deshacías de pena, una pena tan grande como tu enfermedad. No querías nuestras miradas compasivas, nuestras caricias ni besos con caras apesadumbradas y tristes...Lo hicimos como pudimos. Tal vez no muy bien, pero siempre con amor. 
     Ver día a día como la enfermedad te llevaba ha sido lo más duro y dificil que haya tenido que afrontar. Ojalá pudiéramos hoy mismo intercambiar nuestras vidas, porque no dudes hijo, que daría la mía para que vivieras la tuya. 
     Tener tus cosas, oir tu música, ver tus fotos, pensarte y hablar de tí, ha sido de gran ayuda. Ahora te conozco mejor, te comprendo mejor y  muy a mi pesar lamento que no estés aquí para decírtelo mirándote a los ojos, valientemente. Tu recuerdo en la lucha, el afán de superación, ese sufrimiento silencioso como buen enfermo que fuiste, se han convertido para mí en un referente que preside cada uno de los actos de mi vida.     
     Como tú, me he convencido que no hay más tiempo que el ahora, ni más lugar que aquí, donde estoy en este instante...No hay más proyecto que vivir cada uno de esos aquí y ahora, con consciencia porque lo que tenga que ser será. Por primera vez en mi vida no tengo prisa en vivir nada que vaya más allá.
No pasó un sólo día sin tenerte presente y muchos llorando su ausencia. Me dejaste un enorme vacío que nada ni nadie podrá jamás llenar. Esa es mi tarea, aprender a vivir con tu ausencia, recordarte con esa sonrisa canalla con la que presumías poder conquistar el mundo...Así eres tú, así quiero recordarte

Te quiere

Mamá




P. D. Al final, efectivamente abrió el día y lució, aunque timidamente, el sol.

Entradas populares de este blog

Tú, yo, nosotros...

Viviendo en un ascensor...

De regreso de la calle Fontanares...