Miedos, sueños, recuerdos...
Cuando vivimos la pérdida de un ser querido, uno de los grandes retos que tenemos que afrontar son los apegos, la querencia...Como un sello pegado a su sobre imposible separar sin un leve desgarro de uno u otro, así nos sentimos, así me siento respecto a todo lo que identifico con Carlos. Algunos días pienso que encontraré una fisura, una leve hendidura por la que dejaré que pasen nuevas vivencias que se mezclen con las suyas para que esa amalgama compuesta del ayer y el hoy me ayuden a ser esa mujer diferente pero renovada que quiero ser. No obstante, me siento aún dentro del proceso. Algunos días se me hace todo muy cuesta arriba y resulta en cierta medida decepcionante creer que has subido algunos peldaños y de repente volver a sentir el dolor con el mismo desgarro que al principio.
Esta noche soñé con mi hijo, aunque enfermo, su cuerpo mostraba el aspecto de cuando estaba sano. Tenía unas vendas en el torso desnudo, dejando ver sus fuertes pectorales. Pasaba su brazo por encima de mi espalda y se apoyaba en mi hombro para caminar. Su respiración sonaba con un breve ronquido, me decía que le costaba. Así que yo le cargaba cogiéndole por la cintura hasta sentarlo en una butaca. El otro escenario era una cocina muy grande, como las industriales. Abria y cerraba unos armarios que contenían enormes fuentes con grandes filetes y chuletones; preparados para arroces... mucha carne para cocinar de distintas formas y yo no dejaba de mostrale esas bandejas tentándole para que se diera un festín aunque él se mostraba indeciso...Carlos pasó mes y medio sin poder comer. Pasó mucha hambre porque le apetecían muchas cosas pero no podía. Esto fue el principio del tramo final. Así que me levanto triste, sin poder evitar el recuerdo de aquellos días entre idas y venidas probando diferentes refrescos, flanes, gelatinas, purés y caldos que a él le apetecían para al final, acabar sorbiendo un pequeño brik con un batido de proteinas, asumiendolo con una paciencia ejemplar y enormes dosis de esperanza, creyendo que aquel insípido brebaje le mantendría con las fuerzas necesarías para luchar contra ese monstruo miserable que lo devoraba: su enfermedad.
Ojalá te soñara hijo como en última barbacoa que hicimos, entre pinchitos, chuletitas y criollos, tinto de verano en mano y una amplia sonrisa, echándote hacia atrás como hacías cuante te sentías muy lleno...Sigues presente cada día, todos los días. Confío que regreses pronto a mis sueños para volver a verte. ¡¡¡Te echo tanto de menos !!!
M.P.
Esta noche soñé con mi hijo, aunque enfermo, su cuerpo mostraba el aspecto de cuando estaba sano. Tenía unas vendas en el torso desnudo, dejando ver sus fuertes pectorales. Pasaba su brazo por encima de mi espalda y se apoyaba en mi hombro para caminar. Su respiración sonaba con un breve ronquido, me decía que le costaba. Así que yo le cargaba cogiéndole por la cintura hasta sentarlo en una butaca. El otro escenario era una cocina muy grande, como las industriales. Abria y cerraba unos armarios que contenían enormes fuentes con grandes filetes y chuletones; preparados para arroces... mucha carne para cocinar de distintas formas y yo no dejaba de mostrale esas bandejas tentándole para que se diera un festín aunque él se mostraba indeciso...Carlos pasó mes y medio sin poder comer. Pasó mucha hambre porque le apetecían muchas cosas pero no podía. Esto fue el principio del tramo final. Así que me levanto triste, sin poder evitar el recuerdo de aquellos días entre idas y venidas probando diferentes refrescos, flanes, gelatinas, purés y caldos que a él le apetecían para al final, acabar sorbiendo un pequeño brik con un batido de proteinas, asumiendolo con una paciencia ejemplar y enormes dosis de esperanza, creyendo que aquel insípido brebaje le mantendría con las fuerzas necesarías para luchar contra ese monstruo miserable que lo devoraba: su enfermedad.
Ojalá te soñara hijo como en última barbacoa que hicimos, entre pinchitos, chuletitas y criollos, tinto de verano en mano y una amplia sonrisa, echándote hacia atrás como hacías cuante te sentías muy lleno...Sigues presente cada día, todos los días. Confío que regreses pronto a mis sueños para volver a verte. ¡¡¡Te echo tanto de menos !!!
M.P.
