Renovando...Renovándome...
Cuando me ví frente a la mayor catástrofe de mi vida, pasados los momentos del primer impacto, sentí una enorme necesidad de expresar cuanto sentía. El blog que por aquel entoncés abrí, no había nacido para ser una bitácora personal, pero poco a poco las palabras secretas que pululaban en mi cabeza y que sólo yo podía oír en mi interior, comenzanron a fluir quedando así plasmadas en entradas que fueron narrando esa especie de cuenta atrás primero, en la carrera contrareloj que mi hijo sostenía contra el tiempo y hacia adelante después, cuando ya sin él, contaba el paso de los días, de los meses y pronto, del primer año.
Hace poco descubrí el blog de Deyanira "Calcetines del revés" y a través de éste, el de otros padres y madres a quienes como a mí, le tocó vivir esta tragedia. Porque sólo nosotros sabemos y comprendemos la dimensión, trascendencia y significado de la pérdida de un hijo. Sólo los padres y madres sabemos que con ellos muere también una parte de nosotros mismos y que seguimos aquí, pero no estamos, que luchamos por ser quienes fuimos pero sabemos que nunca volveremos a ser quienes éramos. Queremos, pero no podemos y muchas veces, ni siquiera sabemos cómo hacerlo. Incomprensiblemente, más allá de toda lógica, de todas las teorías, no podemos sentirnos los mismos.
A nuestro alrededor la vida sigue. Nuestras familias, nuestros amigos y compañeros, quieren ayudarnos animándonos a retomar y normalizar nuestras vidas. ¿Normalizar? Cada vez entiendo menos esa palabra. ¡Cómo se puede normalizar lo anormal! Todos quieren ayudar pero nadie puede. Así que nos limitamos a mostrar nuestra gratitud y esconder nuestras lágrimas para no preocuparlos. Mientras, seguimos contando días...
Personalmente, siento una enorme serenidad interior, aunque con conatos de ira y rabia que aparecen y desaparecen. A pesar de perder a veces a cordura, de atormentarme, de hacerme chantaje y arrastrar el tan pesado lastre de la culpa, a pesar de todo, puedo sentirme en paz gracias a la reconciliación con mi hijo. A veces, incluso llego a pensar que podría retomar algunas de las tareas que me proporcionaban satisfacción, que me ilusionaban, que me enganchaban a la vida. No obstante, la mayor parte del tiempo parece que perdí la capacidad de experimentar cualquier sensación que no sea la de soledad y vacío. Contra todo pronóstico, la mayor de las sorpresas ha sido descubrir que me pasé la vida pensando que mi hijo me necesitaría siempre y ha sido justamente al revés, soy yo quien le necesito.
Quiero, sin embargo, romper una lanza a favor de la esperanza, esa misma en la creo y no creo a un tiempo. Quiero creerme que cuanto he aprendido durante estos nueve años compartiendo con Carlos su enfermedad y su muerte, me ha convertido en mejor persona, me ha dotado de una mayor capacidad de comprensión y ha añadido una perpspectiva nueva sobre cómo quiero vivir lo que me quede de vida. A pesar del dolor que sigo sintiendo, de la tristeza instalada en mi corazón, sé que él me cuida y me protege. Por todo ello, gracias hijo.
M.P.
No hay mejor lugar para descanso del guerrero...
Hace poco descubrí el blog de Deyanira "Calcetines del revés" y a través de éste, el de otros padres y madres a quienes como a mí, le tocó vivir esta tragedia. Porque sólo nosotros sabemos y comprendemos la dimensión, trascendencia y significado de la pérdida de un hijo. Sólo los padres y madres sabemos que con ellos muere también una parte de nosotros mismos y que seguimos aquí, pero no estamos, que luchamos por ser quienes fuimos pero sabemos que nunca volveremos a ser quienes éramos. Queremos, pero no podemos y muchas veces, ni siquiera sabemos cómo hacerlo. Incomprensiblemente, más allá de toda lógica, de todas las teorías, no podemos sentirnos los mismos.
A nuestro alrededor la vida sigue. Nuestras familias, nuestros amigos y compañeros, quieren ayudarnos animándonos a retomar y normalizar nuestras vidas. ¿Normalizar? Cada vez entiendo menos esa palabra. ¡Cómo se puede normalizar lo anormal! Todos quieren ayudar pero nadie puede. Así que nos limitamos a mostrar nuestra gratitud y esconder nuestras lágrimas para no preocuparlos. Mientras, seguimos contando días...
Personalmente, siento una enorme serenidad interior, aunque con conatos de ira y rabia que aparecen y desaparecen. A pesar de perder a veces a cordura, de atormentarme, de hacerme chantaje y arrastrar el tan pesado lastre de la culpa, a pesar de todo, puedo sentirme en paz gracias a la reconciliación con mi hijo. A veces, incluso llego a pensar que podría retomar algunas de las tareas que me proporcionaban satisfacción, que me ilusionaban, que me enganchaban a la vida. No obstante, la mayor parte del tiempo parece que perdí la capacidad de experimentar cualquier sensación que no sea la de soledad y vacío. Contra todo pronóstico, la mayor de las sorpresas ha sido descubrir que me pasé la vida pensando que mi hijo me necesitaría siempre y ha sido justamente al revés, soy yo quien le necesito.
Quiero, sin embargo, romper una lanza a favor de la esperanza, esa misma en la creo y no creo a un tiempo. Quiero creerme que cuanto he aprendido durante estos nueve años compartiendo con Carlos su enfermedad y su muerte, me ha convertido en mejor persona, me ha dotado de una mayor capacidad de comprensión y ha añadido una perpspectiva nueva sobre cómo quiero vivir lo que me quede de vida. A pesar del dolor que sigo sintiendo, de la tristeza instalada en mi corazón, sé que él me cuida y me protege. Por todo ello, gracias hijo.
M.P.
No hay mejor lugar para descanso del guerrero...
