Un año, nueve meses y un día…
El 14
de noviembre del año pasado, escribí la primera entrada de este blog. Hablé de
las Sibilas. Comenzaba así, el primero de los 88 post publicados.
Por aquel entonces mi hijo ya estaba en su recta final,
aunque aún podía permitirme algunos ratos de esparcimiento, mientras él
intentaba disfrutar en vano de los suyos. Nuevamente la no casualidad hizo que
el 14 se haya convertido para mí en una fecha imborrable, grabada a fuego en mi
memoria y en mi corazón.
A lo largo de todos estos meses el blog me ha permitido desde
el anonimato, poner palabras a los sentimientos y contar cuanto acontecía.
Primero, en ese camino por convertirme en acompañante, en la sombra de alguien
a la espera de la muerte; en la mano que se tiende generosa para cortar las ataduras a
una vida más preciada incluso que la propia; en el gesto de amor más grande
y desolador que nada ni nadie podrá jamás comprender. Luego, vinieron los días,
las semanas y meses de una inagotable agonía, de tristeza, de un hastío
devastador, de sentimientos imposibles de expresar…Días, semanas, meses, en los
que mi realidad cotidiana ha ido transformando mi rutina de tal forma que casi
no recuerdo que hacía antes que todo esto comenzara.
Y mientras el tiempo ha ido pasando, me quedé sin
palabras, exhausta, cansada, atemorizada, con la sensación de saber que ya no queda
sino aprender a vivir sin esperar. Todo resulta cada vez más lejano a la par
que resurgen recuerdos casi olvidados, más cercanos a la vida, en un intento
por rescatar las imágenes del niño eternamente joven que fue y será mi hijo.
Sibila
Cumana.
Esas playas de Barbate....