Volver a empezar...

          Anoche cuando llegué a casa y cerré la puerta, justo en ese momento tomé conciencia de que dejaba tras de mí otro ciclo cerrado. Dí dos vueltas a la llave y muchas en mi cabeza. Encendí la luz del salón y puse la tele. Demasiado silencio, demasiada penumbra en el mismo lugar en el que hacía unas pocas horas mi hija chancleteaba arriba y abajo, mientras apretaba su ropa en una maleta...Poco equipaje e insuficiente para guardar todas las ilusiones y espectativas que nos hemos trazado como el mejor legado que le podemos dejar.

          La vida se compone de ciclos, estoy convencida. La vida misma, el amor, la amistad, los sentimientos cumplen un ciclo. Cuando se cierran, cada uno queda depositado en una cajita de las muchas que tenemos en nuestra memoria, por eso recordamos monotemáticamente. Que evocamos algo gracioso, pues allá van miles de anécdotas para reir.Que tocan las penas, pues también van saliendo una a una desde nuestro más remoto pasado. Últimamente toco todos los palos, por eso ya dije en uno de mis post que vivía en un ascensor...Según la caja que abra, así será mi día. 


             Así que ayer, en  el instante en que se cerró este ciclo, comenzó otro. Luego me dio por pensar que el tiempo casi no sirve de nada. Me he pasado la vida marcándome tiempos para casi todo. La mitad esperando y la otra mitad  añadiendo más tiempo a la espera. Da igual. El tiempo no me sirvió de nada, así que ahora intento valorar el día a día, ese que a veces pesa tanto y es tan insoportablemente monótono y plano. Ahora me empeño en no esperar, sólo sobrevivir  intentando disfrutar y tomar cociencia de la VIDA, no de mi vida. Pongo en ello mis cinco sentidos. Me recreo en la naturaleza y en la belleza de cuanto aparece ante mí . Huelo mucho mejor desde que no fumo, así que es un placer el olor de la ropa limpia o el de las marismas mientras camino por las mañana o el de un bebé recién salido del baño o el un buen pucherito cuando se empieza a hacer... Escuchar atentamente los sonido más puros que llegan hasta mi sean de la naturaleza que sean y disfrutar cuando te dan o das un abrazo de los de verdad, esos que te funden con la otra persona y con suerte hasta compartes su olor...Y no hay más. Es una tarea minuciosa, fruto de una paciente búsqueda, de un anhelo continuo por estar bien, por reconstruirte, por recomponerte, por renacer, por  rehacer y todo sin compadecerte de tí misma...¿Que si es fácil? Rotundamente no. Pero a veces, no nos queda otra. Puede que toda esta filosofía de vida no te borre las patas de gallo ni las huellas del paso del dichoso tiempo por el rostro, pere es seguro que te enseña a llevarlas con el orgullo de haberlas vivido. Todo un lujo. 


                                           Que veinte años no es nada...¡No, ni na!....



          

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