Un nuevo aniversario...
Querido hijo:
Los maravillosos atardeceres de Sancti Petri en libertad...
Hoy se cumple el séptimo mes desde que nos dejaste y todo se vuelve un tanto gris, como el día. Me resulta especialmente dificil recordarte sin recordar a la par cuánto sufriste y sufrimos contigo al final. Mi mayor orgullo eres tú y mi mejor ejemplo, algo que espero tener siempre presente por si me tocara una experiencia similiar a la tuya. Nunca supe qué hubieras querido que hiciéramos una vez que todo acabara pero puedo asegurarte que jamás puse tanto amor en ninguna de las cosas que he hecho en mi vida. En cada decisión tomada, en cada desprendimiento de algo tuyo, en todo lo referente a tí puedo asegurarte que puse mi mayor respeto y las mayores dosis de amor que una madre puede sentir. Te aseguro que ha sido una experiencia personal, íntima e intransferible.
Aunque no pasó demasiado tiempo, si te asomaras un instante por aquí, por esta otra vida en la que continuamos, observarías algunos cambios: en casa, en el entorno, en nosotros...Porque todos hemos cambiado hijo y lo hemos hecho recordándote, viendo tus fotos, leyendo tus wasaps, hablando de tí, comentando unos con otros tus pequeños secretos, aquellos que oculabas a unos para no hacer sufrir a otros. Al final, hemos conseguido verte desde una nueva perspectiva. No te santificamos, porque siempre fuieste un pillo, pero sabemos que fuiste sensible, generoso de sentimientos, con un gran corazón, maduro y aunque me cueste decirlo y aún más reconocerlo, dejaste de ser el niño que corría a mi cama cuando había tormenta para ser un hombre de los pies a la cabeza, valiente, fuerte y con una entereza digna de admiración.
Los dos sabemos que cometimos errores y me alegro de habértelo oído comentar con tus primos en el hospital apenas un mes antes de morir. Escuché de tus labios tus temores, tu arrepentimiento, tu disposición de cambio cuando salieras de la enfermedad...No pudo ser hijo, esta vez no. Pero a mí me basta para sentir orgullo de haber sido tu madre y presumir de haber tenido un hijo como tú.
Fan Fán ha crecido mucho. Está guapo y alto. Tiene tu habilidad y tu destreza. Apenas farfulla una mezcla poco ininteligible que muy lentamente va adquiriendo sentido. Tiene tu foto en su cuarto y en cuanto hable, podré compartir con él el anecdotario del tato Carlitos que comenzó con una larga tarea para ser concebido, que vino al mundo el "día del trabajo" al que pocos honores hicistes por cómo eras y porque tuviste poco tiempo. Viviste mucho, ibas por delante de todos nosotros adquiriendo experiencias nuevas cada día, incluso de pequeño siempre tuviste amigo mayores que tú y protegiste a los más pequeños. Por algo sería...
Respecto a mí, he de confesarte que echo de menos cuidarte y oirte decir "mamá tráeme..." porque me hicistes jefa de intendencia, aunque lo que más añoro es tenerte conmigo, que me llames mamá y me preguntes qué ropa te pones para salir. Echo de menos tenerte aquí conmigo. Aún no me hago a la idea de que sea así y siga siéndolo para siempre. Supongo que necesito más tiempo, aún no sé muy bien para qué. Para tu tranquilidad, te diré que todos estamos más unidos, más cerca y nos queremos más, ese ha sido tu legado. Así que gracias hijo.
También tengo noticias buenas, aunque seguro que ya las conoces. Sé que querías tener un hijo y yo hubiese bebido los vientos por él como lo hice por tí. Sé cuánto querías vivir, que te hubieras conformado aunque con tus prótesis y todos los cuidados. Tan fuerte fue tu amor por la vida que te has asegurado que entre quienes hemos estado a tu alrededor durante los últimos siete meses, se repita el gran milagro de la vida. Sí, entre la familia y los conocidos que te quisieron y estuvieron contigo hay tres o cuatro vidas en camino, dos son niños. Por alguna razón que no puedo explicar, presiento que algo tienes tú que ver con el de I. y E. y ellos también lo creen. Sea o no sea, tu energía fluye entre nosotros, nos ayuda, nos sostiene y nos ha hecho mejores. No dudes que jamás te olvido, protégeme allí donde estés y espérame para tenderme tu mano cuando llegue mi hora. Te quiero hijo mío.
Mamá.
Los maravillosos atardeceres de Sancti Petri en libertad...