Otro día 14...Creer y crear...


                                                     Si crees en los sueños, ellos se cumplirán (A. E.)


         Sigue corriendo el mes de julio y llegamos al día 14, un día fatídico para quienes concluyen su quincena vacacional. Tooodo un año soñando con estos días para disfrutar, aparcando las rutinas y quitándonos el reloj que nos marca continuamente los ritmos y pausas de nuestra vida cotidiana.

         Sigue siendo julio y llevo sin reloj muchos meses. Esta fecha marca mis antes y mis después, en un tiempo que cuento por meses y que cada mes me enfada más, me entristece más, me pone de malhumor haciéndome cada vez más consciente de esa cara injusta de la vida que no acabo de asumir. Mi racionalidad y mi sensatez van por un camino mientras mi corazón se rebela en sentido contrario. Lucha de fuerzas y de poderes en un escenario interior que a veces me absorbe por completo. 

          La hora violeta llegó a mis manos para recrear el dolor en todas sus facetas. Me sumergió en el laberinto más oscuro y tenebroso, ese lugar donde sentimos la soledad más sola, la más devastadora, la más cruel. El autor busca la palabra que no existe, esa que nos definiría a nosostros, los padres y madres que perdemos a nuestros hijos y parafraseándolo yo me decidí por la elección del  término de "madre-huérfana de hijo". Mi hora violeta cumple ya cinco meses, es una hora muy larga que transcurre con nuevos miedos, nuevas maneras de sufrir, de recordar y con los primeros atisbos de olvido, algo que lejos de aliviar entristece. "Sé inteligente. Utiliza la memoria selectiva" me decía una amiga hace tiempo. Ojalá fuera tan fácil querida. Pero gracias, puede que yo te dijera lo mismo, sé que tú también sabes que lo haría porque eres madre y comprendes lo que digo .

         A pesar de seguir en el violeta, ahora llega hasta mí El mundo amarillo, un libro que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida para aprender a desdramatizar los sinsabores y dificultades, para valorarnos y valorar lo que somos y lo que tenemos. Albert Espinosa cuenta en clave de humor su experiencia tras diez años de lucha contra el cáncer, un ostosarcoma que le robó una pierna, un pulmón y parte de su hígado. A cambio, recibió una nueva manera de "andar"  y de ser, haciéndonos creer en sueños que se cumplen y en vidas ajenas que sumar a la tuya propia. Se trata de un relato cercano y sencillo, en el que nos habla de algunos de los pactos secretos del grupo de "pelones" -adolescentes sin pelos por la quimio- que convivieron durante años en los hospitales, jóvenes que se comprometieron a repartirse un porcentaje de la vida de quienes se marcharon para siempre. Albert, es sencillamente genial, es un gigante que derrotó al mostruo y comparte su victoria con la sencillez de un niño grande. Y este ha sido mi descubrimiento: según su teoría, tengo por vivir mi propia vida más el 0,25% de la mi hijo (el resto sería para sus hermanos y su padre). Una gran responsabilidad, un gran compromiso y un gran reto. Me pondré a ello hijo mío, prometo intentarlo en cuanto esté bien. Te quiero y no te olvido.

                                                          Sencillamente, ¡genial!
                       





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