un post de 60 céntimos
Un post de 60 céntimos...
Es la primera mañana que salgo sola. Demasiado calor para pasear con Pablo y como quien se oculta me escapo despavorida para meterme en un ciber "Locutorio Ría", desde donde escribo este post entre hispanos que se comunican con sus familias o ligan por internet intentando una cita a ciegas...Esta es una experencia nueva, jamás había entrado en un ciber...Pero en casa no podría porque Pablo no me permite un instante, me tiene totalmente abducida y no paramos de jugar. Me encanta mirarlo, ver como se desenvuelve esta personita a modo de pequeño hombrecito autónomo que quiere ser capaz de todo por sí mismo. Es bueno, aunque de vez en cuando tiene conatos de reveldía, le da el siroco y lo tira todo. No sé cuantas veces le llamé Carlitos, supongo que cada vez que me lo recuerda.
Acabo de recoger unas fotos para dejarlas colgadas en su habitación. Son las fotos de Kukú (su tía Carmen) y Susú (el tato Carlitos) para que los vea a diario, los reconozca y sepa quienes son. Carlitos está con él, lo tiene en su falda sentado y sostiene sus manitas en alto, otra sentado con él en el sofá de casa y en la cama los dos...Pocos momentos compartidos que Fan Fán no recordará de no ser por estas imágenes conservadas en el tiempo. Cuando sepa hablar, conocerá de viva voz como era, cómo le esperó para decirle adiós y regalarle la que fue su última sonrisa.
Los días van pasando rápido y os aseguro que ejercer de Yaya es una tarea cansada pero sobre todo gratificante. Mi tiempo es sólo para él, no hay prisa y eso deja que mi imagnación dé mucho fruto así que ideo mil juegos con un trozo de plastilina, le enseño a sacar punta a los lápices de colores y vemos un rato en el iPad "Dora exploradora" y "Pocoyo" personajes absolutamente desconocidos para mí hasta ahora, ya sé sus nombres y he visto suficientes capítulos para todo el verano...
A pesar de todo, de las risas que Fan Fán me provoca, de tenerme ocupada todo el día, de hacerme correr por los parques y de darme besitos mientras sostiene mi cara entre sus manitas, siento una profunda tristeza interior y echo de menos llamar a mi hijo Carlos para contarle y escuchar cómo se ríe y me pregunta una y otra vez si su hermano quiere marcharse a China, porque él no se atreve a mostrar todo el cariño a su sobrino para no sufrir si esto ocurriese...Echo de menos no comprarle unas bermudas, unas camisetas o una gorra. No llevarle dulces o un toblerone gigante del aeropuerto...Su imagen, sus palabras aún suenan en mis oídos cada día. El tiempo pasa inexorablemente, por prmera vez siento un nuevo temor: el miedo al olvido.
Sibila Cumana
!Cómo no podía ser...¡
Y recordando vejos tiempos...