Hasta siempre compañeros...
Estaba viendo las noticias cuando anunciaron el grave accidente de tren a sólo cuatro km de su llegada al final de trayecto: Santiago de Compostela. Imagino que la gente estaría alrededor de sus cosas, pendientes de bajar sus maletas y bolsas porque en breve llegarían a su punto de destino y comienzo de sus vacaciones.
A esta noticia, siguieron las primeras imágenes que dejaron entrever una catástrofe de grandes dimensiones. Me quedé bastante tiempo pendiente, escuchando las primeras cifras de fallecidos. Primero 28, luego 30, luego 50... Pocos me parecían contemplando ese amasijo de vagones a la par que comentaban, iban a bastante más velocidad de la prevista para aquella curva de la muerte.
A la mañana siguiente oí el nombre de Antonio Reyes entre los fallecidos y pensé ¿no será el que trabaja en Sancti Petri? No sabía. No obstante, cada vez aparecían más conincidencias hasta que lo contrasté con una compañera y así fue como lo supe. Conocí a Antonio hace años, le recuerdo como un hombre alto, moreno y guapo. Nunca ví a su mujer. Más tarde supe que fueron padres de una niña síndrome Dawn, es más, recuerdo cuando nació, lo que supuso para ellos y cómo cambió sus vidas. Pero el peor trago fue cuando supe del fallecimiento de Paco y Esperanza junto con el resto del grupo de la Isla de los que solo me sonaron sus nombres.
Paco fue mi compañero en ya desaparecido colegio "Padre Franco". Tras su enorme bigote, su porte tranquilo, sosegado y tímido, se escondían un maestro firme y recto, a la antigua usanza y un compañero que hablaba poco pero cuando lo hacía tenía su gracia, mucha gracia. Por aquel entonces podíamos fumar dentro de clase y él era un fumador empedernido -no sé si ya lo había dejado- y se paseaba por el aula mirando cómo trabajaban sus alumos con su ducado entre los dedos, disfrutándolo pausadamente...No tuve con él sino una relación de trabajo, de comidas de Navidad y fin de curso, pero puedo decir que me llevaba bien con él y jamás presencié nada que fuera de tono.
A su mujer, Esperanza, él mismo me la presentó. Trabajaba en el colegio de al lado. Tampoco tuve una amistad ni una relación cercana, pero tengo la imagen de una persona vital, muy risueña, graciosa y siempre con Paco, sus niñas y después su niño...Vivían entonces, ahora no sé, cerca de mi casa y me los encontraba en la calle San Rafael donde hacíamos la correspondiente parada...
Siento mucho la tragedia de tantas familias pero particularmente me toca la fibra este caso, porque me resulta más cercano a pesar de que los cambios de distino nos separaron y mi traslado a otra localidad aún más. No me resulta dificil empatizar con sus hijos, imaginar la situación de desamparo en la que se encuentran aunque sean mayores y el dolor que pueden estar viviendo al que suman la rabia y el shok que debe producir algo tan inesperado que ha sesgado sus vidas y la de otras tantas familias.
No es justo, ni creo que nosotros, los ciudadanos de a pie sepamos nunca la verdad, algo que sobre todo los familiares se merecen. Como siempre existen demasiados intereses económicos y políticos de por medio y un cabeza de turco que tuvo la desgracia de salvar la vida, a quien no eximo de una parte de responsabilidad, pero quizá no toda. Esta es la otra cara triste de estas tragedias humanas, el reverso de la moneda. Quieren manipularnos y arrebatanos el derecho a la verdad, para tapar y salvaguardar las ambiciones de algunos de quienes nos gobiernan...Pero esto ya es otra historia.
Paco y Esperanza, desde mi corazón os he recordado con verdadero cariño. Donde esteís, estareis bien y velareis por vuestra familia, sobre todo por vuestros hijos. También vosotros sois ya dos preciosas mariposas. ( Paco, no me malinterpretes...te llamé mariposa, no mariposón...Tú sabes por qué lo digo, aún me acuerdo)