Fuegos artificiales...
Las noches se han vuelto complicadas para mí. Generalmente, cuando nos acostamos solemos hacer un repaso del día, de lo que hemos hecho al tiempo que planificamos un poco por encima qué heremos unas horas después, cuando amanezca. Sin embargo, cuando algo nos preocupa, la noche nos acosa con aquello que no queremos recordar, con las imágenes que nos asustan o los sonidos que nos inquietan si no los reconocemos. Y andaba yo en medio de este ajetreo conmigo misma, cuando llegaron hasta mí los estallidos de los fuegos artificiales de la feria de la Isla. De repente, miles de recuerdos vinieron a mi cabeza. Me acordé de cuando era pequeña. Entonces ponían la feria cerca de la casa de mis padres, tan cerca que la veía desde el balcón y me dormía como si la tuviese junto a mi cama. Me encantaba porque oía los conciertos de la Caseta Municipal, me dormía con las canciones de los famosos que venían, sus letras me dieron la oportunidad de tener sueños maravillosos. Algunas noches mi padre bajaba y nos traía bueñuelos que nos tomábamos al fresquito. Yo pensaba que tenía mucha suerte de vivir allí. Mi madre me vestía de gitana y mi padre, siempre mi padre, me bajaba temprano para que me subiera en algún "cacharrito" y me compraban algodón...
En la feria conocí algunas personas que formaron parte de mi vida. Mi primer amor de adolescente, sentada en la barra mientras esperaba turno en los coches de choque y algunos liguecillos sin más trascendencia que llegaron y se acabaron con las fiestas. Sabor a veranos, a vestidos nuevos, a salidas y entradas, a risas de todo y de nada, sin ir más allá.
Del recinto actual recuerdo un año en la caseta de los Ecologistas. Estuve con unas amigas y J. Manuel, un amigo que tocaba el violín, un enamorado de la música que tuvo que marcharse porque aquí no podía vivir de ella. Conocía a algunos/as de los que la llevaron y me dejaron estar detrás de la barra haciendo mojitos y sirviéndolos al público. Era una caseta donde iba gente diferente y casi todos se conocían. Los niños/as jugaban, los padres hablaban de arreglar el mundo y eso que por entonces, para mí, que estaba arreglado. Un día llevé una camiseta roja de cuello de pico y unos vaqueros. Sonaban canciones típicas de caseta de feria junto con las más populares del verano. Una vez hubo magia, miradas furtivas, gestos, que no palabras. Fui testigo de como esto se produjo entre algunos asistentes. Luego no supe más.
Siempre me gustaron los fuegos artificiales, los dibujos, las figuras que aparecen y desaparecen en las noches de feria, los ruidos y estallidos y esa pose que adoptamos para mirar al cielo...Al final me dormí recordando pero no tuve dulces sueños...Otra vez será.
Y esta canción no paraba de sonar...estaría de moda...