El  corazón pesa…


            Como cada mañana, cuando la luz del día me despierta, lo primero que viene a mi cabeza es mi hijo Carlos. Por unos segundo entro en una estado de marasmo en el que sólo la memoria mantiene una constante actividad mostrándome ese álbum de fotos, gracias al cual, entre lágrima y lágrima me da la risa.
            Carlitos fue muy travieso y embaucaba a su hermana en todas sus aventuras. Tardó mucho en hablar porque desarrolló su propio lenguaje de gestos y le funcionaba. Fan Fán ha repetido la historia. Cuando nació, teníamos todos los juguetes de su hermano completamente nuevos, incluso en sus cajas. Muchos de la casa “Chicco” de colores y formas, de llaves, piezas para encajar…Muy didácticos y estimulantes con los que Álvaro se entretuvo muchas horas. Pero Carlitos los destrozó porque los tiraba de un lado a otro, los pisaba, golpeaba unos con otros, en fin todo menos jugar tranquilo. Algo que Fan Fán también ha repetido…Cosas de los genes…Ahora pienso que nosotros tuvimos algo que ver en eso, porque con Álvaro nos sentábamos a jugar pero él fue muy poco tiempo el pequeño, enseguida vino su hermana y si dos son mucho, tres son multitud. Aquellos tres niños, ahora mayores, han sido y siguen siendo mi vida, porque siempre tendré tres hijos, dos viven fuera y uno descansa cerca de aquí.
            Cuando regreso a la realidad, mientras me levanto y deambulo un poco por mi habitación, tomando conciencia de que esto es lo que hay y que es otro día más, me acerco y doy los buenos días a la foto de  mi niño ausente.  Me detengo en mirarlo y me oigo decirle: ¡qué guapo eres! Preparo el desayuno y entonces me doy cuenta de cuánto me pesa el corazón. Como un collage, mil imágenes se confunden para finalmente recuperar una sola, que no es otra sino esa cara con expresión canalla, a quien han descubierto en una nueva travesura, reía una y otra vez sin parar, porque sabía que yo sabía…Es la imagen que quiero dejar fija en mi cabeza., cosa que por ahora resulta imposible porque siempre acaba llegando la imagen del miedo y me desarma. Me pesa el corazón hijo, me pesa mucho y lejos de ser un reproche debe ser que tu corta vida me dejó mucho, mucho bueno y todo lo he guardado ahí. Los errores tanto tuyos como míos ya nos los hemos perdonado o estamos en ello. Quédate en mi corazón pero ayúdame a olvidar lo que tú sabes que me espanta recordar. Eso sólo  tú y yo lo sabemos. 

Sibila Cumana


                                 Todos te echamos de menos, cada uno a nuestra forma, pero TODOS.

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