Magia,
supersticiones y ritos en la noche de San Juan.
Como otras tantas fiestas, la de San
Juan tiene unos orígenes paganos, es por tanto una celebración que el mundo
cristiano asimiló adoptando rituales y festividades relacionadas con el solsticio de
verano. Para más curiosidad, es el único santo del santoral del que se celebra
su nacimiento y no su muerte.
El agua y el fuego, constituyen los
elementos de la naturaleza presentes en esta celebración. El agua purifica, el
fuego, destruye, aniquila aquello que no queremos, adoptando en este sentido un
carácter liberador en un intento de ordenar nuestra vida.
Aquí en Andalucía, como en España y
Europa, las ciudades adquieren una dinámica diferente en esta noche especial.
En las costas, la población invade las playas. Niños, jóvenes y adultos,
dispuestos a vivir al compás de la comida y la bebida, bajo el cielo de una
noche llena embrujo, bajo el hechizo de una luna llena vigilante de un
espectáculo que acaba cuando ella se oculte. Una noche en la que confluyen
todos los tiempos del ser humano: presente, pasado y futuro se funden en uno. Escribimos
en un papel aquello que no queremos en nuestras vidas, observamos como arden
lentamente en las llamas de pequeñas velas (en sitios donde las hogueras están prohibidas),
nueve olas pasan por nuestros pies purificándonos, eliminando cualquier rastro
de negatividad, renovamos así nuestros espíritus y nos impregnamos de una
fuerte energía positiva que fluye en el aire como resultado de un deseo común
de quienes participamos: que todo vaya mejor, que tengamos salud, que nuestros
seres queridos estén bien, que haya trabajo para todos…En definitiva, deseamos
estar bien y tranquilos.
Anoche La Caleta, corazón del Cádiz
profundo, de la Viña,
fue escenario personal de un San Juan diferente con ausencias de seres queridos presentes desde mi memoria y mi corazón. Hubo
magia, si por magia entendemos esas sensaciones de buen rollito, de sentir el
cariño y la cercanía de quienes consideras amigos/as incondicionales, de
quienes están a las duras y a las maduras. Compartimos cena, un trocito de
playa, papel y boli, oscuridades personales que prendieron a un tiempo, una
arena que cubrió las cenizas de lo que ya era pasado y unas risas llenas de
deseos buenos que no se atreven a exigir demasiado.
Que creamos o no en estos rituales
es lo de menos. Tal vez lo importante sea mantener nuestras tradiciones porque
forman parte de nuestra cultura. Puede que lo malo no se haya ido, puede que
venga poco bueno y que ni siquiera sea lo que hayamos deseado. El diccionario
de María Moliner, oferta tres acepciones para este término. Yo me quedo con
esta: Encanto o atractivo particular de
algunas cosas, que parece fuera de la realidad o hace olvidarse de ella. Por
unas horas el tiempo se detuvo, mi espíritu renovó su energía y el mar me hizo
sentir la cercanía de mi hijo ¿Acaso no es eso magia?.
Sibila Cumana.
La "magia" de los fuegos artificiales.

