“Que nadie muera con dolor, ni sólo, ni
con miedo”
(Lema del Hospital de
San Diego)
Hace solo unos días añadí al título de mi blog la
frase “Nuevas miradas, miradas nuevas”. Es una manera de expresar los cambios y
las actitudes que voy adoptando a través de la serena vivencia de mi duelo.
Nuevas miradas, miradas nuevas con las que enfocar mi vida desde la vida. Resilencia esa es la palabra clave, es lo que nos capacita para reponernos y continuar.
El perdón, particularmente de sí mimo y la liberación de los tabúes impuestos
por nuestra cultura judeocristiana que tanto nos pesa y condiciona con los modelos impresos, a veces indelebles, que subyacen detrás de ciertos procesos en los que como seres humanos nos sentimos inmersos en determinados momentos de
nuestras vidas.
La muerte no es sólo una biografía
que se cierra. Tras la muerte de un hijo se cierran las biografías de quienes
la compartieron con él. Los padres también morimos en ese instante, pero
despertamos de nuevo a la vida con el objetivo de aprender a vivirla de otra
forma, a ser felices de nuevo, a no cerrarnos las puertas de la esperanza
porque queremos creer, algo que al principio es sólo una intuición o un deseo, que ellos están donde deben, que están
bien y que quieren que nosotros sus padres, sus
madres, hermanos, familiares y amigos también lo estemos. Con el paso del tiempo
empezamos a tener esa certeza que en principio no fue más que una idea, palabras oídas o leídas que poco a poco aprendes a hacerlas tuyas. Y un buen
día, cuando ya se ha convertido en un convencimiento total, empiezas a sentir
que ese ser querido y ausente, allí donde se encuentre, que para mí no es un
lugar sino una nueva forma de energía que ubico en el marco de una visión
cósmica del mundo, desde allí, nos protegen y me protege.
El peso de la culpa, de la
impotencia, de la rabia, del dolor, del sufrimiento será un camino de espinas
hasta llegar a la gratitud. Agradecidos por vivir, agradecidos por haber
estado, agradecidos por haber tenido la oportunidad de cuidarlos y
acompañarlos, agradecidas como madres por haberlos engendrado y parido. En
ello andamos, con la conciencia de que es mucho más lo pendiente por recorrer
que el camino ya recorrido. Hoy siento especialmente que mi hijo está conmigo
no para hacerme desgraciada sino para ayudarme a cortar las ataduras que yo misma me
impongo, al igual que yo le ayudé a cortar las suyas.Gracias, hijo.
Sibila
Cumana