Con
mis mejores deseos…
Este post se lo dedico a mi sobrino Cuco, con mis mejores
deseos.
Ayer fue un día especial, aunque yo
sólo estuve con el corazón. Se casó mi sobrino, el más peculiar de los tres, el
más grande en tamaño y el más cercano aunque lo vea poco. Si hay alguien que
conoce bien los entresijos, las aventuras y desventuras, las correrías por
discotecas, bares, chiringuitos, noches de ligoteos y copas de mi hijo Carlos,
ese es su primo y no por serlo sino porque fueron amigos, colegas que
compartieron afinidades, el gusto por el mar, por la playa, por el sol y la
buena vida.
Entre idas y venidas, él siempre estuvo y después de
un espacio de silencio un buen día aparecía con una gorra o una sudadera de
regalo. Carlitos siempre le decía: Y tu
qué cojo...es¡ Dónde estabas metido? Y es que sé que le echaba de menos y
necesitaba sus bromas y ese vozarón saliendo de su enorme cuerpo de hombre con
el corazón de un niño que supo quererle como a un hermano, que ha llorado su
enfermedad, sentido su pérdida y añorado su presencia en el día de su
boda. Porque como él dice, usando
metáforas tan poco refinadas como clarificadoras y gráficas, su primo le ha dejado una
hemorroide en el trasero y a él le duele y ese dolor le trae su recuerdo a la
cabeza.
A mí me encanta abrazarlo, aunque mis brazos no me
den para abarcarlo del todo, porque al hacerlo me llega su cariño y su ternura.
Se hace el fuerte riñéndome para que no llore mientras traga saliva y sus
bonitos ojos cobran brillo. Yo también te quiero sobrino. Sé feliz y como te
decía siempre “tu amigo”, hay que vivir
el día a día.
Sibila
Cumana
Para ellos y tod@s los amantes de Serrat.