Por
una escuela pública para todos y todas…
En solidaridad con tod@s mis compañer@s docentes y a favor de la enseñanza pública.
Ando últimamente desconectada del mundo. Casi no sigo
las noticias de actualidad y cuando intento ponerme al día no sólo percibo que
las cosas siguen mal, sino que están peor. Soy maestra, porque aunque tenga una
licenciatura y esté en la fase final de una tesis –que no sé si acabaré algún
día- he vivido del magisterio. Mis hijos fueron a la pública porque me parece,
con todos mis respetos, poco coherente trabajar en ella y llevar a mis hijos a
la privada. Porque además me parece injusto que la enseñanza concertada maneje
el dinero público con demasiaba benevolencia por parte de las administraciones
que miran para otro lado, mientras en los centros públicos se instalan un grupo
de inspectores, decididos a pasar una temporada fiscalizando y entorpeciendo nuestro
trabajo. Tienen la osadía de opinar. Ellos, que no saben cómo coger una tiza;
ellos, que piensan desde sus despachos, que no quieren saber de nuestros
problemas reales como que nuestros alumnos tiene una procedencia muy diversa y que
no hay medidas stándares, que nos
quedamos sin alternativas, que cada vez somos más pobres tanto en cuanto las
leyes nos quitan libertades imponiéndonos reformas de carácter más ideológicas
que educativas, que no nos sentimos representados, ni respaldados, ni respetados,
que nos están dando gato por liebre…
Cada
vez que el panorama político cambia de color, el ministro correspondiente pone
en marcha una nueva ley que promete ser mejor que la anterior y que llevará su
nombre para la posteridad. Pero la verdad es que les importamos una mierda,
quieren buenos resultados y acabaremos anunciando las preguntas de los exámenes
y corrigiéndolos en clase, porque será la única manera de mejorar este desastre
estadístico que daña la imagen de nuestros gobernantes. Con suerte, los alumnos
más espabilados e intelectualmente mejores, podrán continuar estudiando, el
resto, no ya los vagos sino aquellos que tienen limitaciones del tipo que sea,
tendrán muy pocas oportunidades. Perdonad mi pesimismo, pero es la realidad que
veo cuando miro hacia adelante. Una enseñanza clasista y escasa de libertades.
Tenemos una gran responsabilidad. Los
docentes tenemos la oportunidad de preparar a nuestros futuros investigadores,
médicos, abogados, banqueros, ingenieros y demás profesiones de cuello blanco,
además de infinidad de profesionales necesarios en nuestra sociedad. Y queremos
que se queden, que nos curen, que investiguen en nuestro país, que se hagan
cargo de los pilares que sustentan las principales bases de nuestras vidas como
miembros de nuestra sociedad. Además, hacemos una labor más allá de las
asignaturas que impartamos, una labor en la que el alumno pasa a ser un ser
humano único, con unas circunstancias concretas que nos envía señales de
alerta a fin de captar nuestra atención
y pedirnos ayuda. Y muchos maestros, sobre todo, se implican con la familia,
les orientan, les conducen hasta el profesional adecuado. Y lo hacemos porque
sí, no para parecer mejores y más buenos y así renovar nuestro contrato al año
siguiente…Quienes tengan oídos para oír, que oigan. Quienes quieran entender,
que entiendan…
Somos muchos, somos buenos, lo
hacemos bien, nuestra profesión es digna de admiración y respeto. Por favor,
dejen de vernos como profesionales sedentarios que permanecen sentados frente a
los alumnos esperando a que acabe la jornada de cada día a fin de cobrar
nuestros cada vez, más humildes sueldos, ansiosos de los períodos vacacionales
–que han dejado de pagarnos- y que salimos a la calle a manifestarnos con este
único propósito: que nos paguen, que nos dejen nuestras vacaciones en paz.
En definitiva ¡¡virgencita que me quede como estoy!! Por favor... ¡no nos toquen la moral y no nos falten al
respeto!.
P.D. Como ejemplos me parecen estos vídeos muy clarificadores.