¡Ay, Carmela!...
Este post se lo dedico a mi hija a quién voy a echar mucho de menos.
Mi hija acaba de marcharse. Primero vino unos días,
luego un mes y luego a quedarse. Libre y voluntariamente aparcó su vida a
cambio de cuidar la que le quedaba a su hermano. Carlitos y ella son casi de
la misma edad y han mantenido una relación de amor fraternal mutuo llenas de
discusiones y encontronazo que en poco tiempo se resolvían concluyendo en una
feliz reconciliación. Uno y otro me soplaban al oído las quejas que no eran
sino celos disfrazados que cada uno sentía del otro. De nada me servía mediar,
porque ni seguían mis consejos ni me hacían caso. En poco tiempo él entraba
preguntando por ella o ella por él. Carlitos buscaba sus opiniones y ella se
desbarataba con cualquiera de sus gestos.
Pero esta vez era diferente, su
hermano necesitaba su complicidad, sus cuidados y su cercanía. Lo que hablaron,
lo que se dijeron y se confiaron es algo que sólo les pertenece a ellos.
Cuando él se marchó definitivamente,
nos quedamos a solas con el dolor, sabiendo que sólo nos teníamos la una a la
otra. Tuvimos unos comienzos muy duros. En resumen, como dice la canción “ni
contigo ni sin ti”. Somos muy diferentes pero tampoco tanto, es más una
diferencia de forma que de fondo. Así, que hemos conseguido respetar nuestras
opiniones, nuestras vidas y por supuesto, nuestros espacios. No nos hace faltar
estar cerca para realmente estarlo. No necesitamos vivir juntas pero nos
necesitamos y nos tenemos. Creo que al final lo estamos consiguiendo y el hilo
conductor de este proceso es, como no podía se de otra manera, mi hijo que a la
par es su hermano.
El nido vuelve a quedarse vacío, aunque lleno de ausencias unas pasajeras, otras definitivas y las vivencias de todos en muchos momentos. Mis
hijos siguen sus propios caminos y ahora es ella, mi hija, quien vuela abriendo sus alas hacia nuevos destinos en
este difícil panorama que le ha tocado en el sorteo de la vida. Confío en su
cordura, en el bagaje que lleva porque, por primera vez, marcha con poco equipaje
material pero un gran peso en
experiencias personales que espero representen un papel fundamental en las
decisiones que deberá afrontar. Confío
en su saber gestionar con acierto sus propios capitales, que los invierta con acierto y encauce su vida en la dirección correcta.
Así que de nuevo me quedo sola en casa, con la
compañía de los momentos vividos, porque poder recordar es a veces la única
forma de tener cerca a las personas que quieres. Ella también recordará, seguro.
Ojala que encuentre pronto su sitio, porque lo mejor de su vida aún está por
venir y por vivir. !!Suerte!! Te quiero hija.
Mamá Sibila
Para recordarte...
Porque te gusta...


