Alma y Vida…

           
            Hace un par de días nos llamaron del Tanatorio. Extraña llamada me pareció después de tres meses. Pero no, todo tiene su momento, su por qué y su no casualidad. Nos llamaron para ofrecernos gratuitamente los servicios de un gabinete de psicología especialmente diseñado para padres y madres, a la familia en general, que hayan vivido la pérdida de un hijo joven. Con este objetivo nace la Asociación Alma y Vida, que nos abre sus puertas a través de una serie de personas especialistas en duelo, profesionales unos, protagonistas otros, todos juntos buscando la manera de seguir viviendo con respeto, dignidad y procesar el duelo de una manera sana y natural. Enfocar la muerte como un hecho constitutivo de la vida a la que todos/as estamos abocados sin ningún género de distinción.
            Estaba yo haciendo mis pesquisas, bicheando en Internet cuando encontré la página de la sede en esta ciudad en la que vivo y entre las múltiples pestañas leo una que dice “Una madre”, pincho y se despliega este escrito anónimo, universal porque describe con absoluta nitidez lo que sentimos quienes hemos tenido que acompañar a algún hijo en el trance final de su vida. Gracias a quien supo poner palabras a sentimientos tan difíciles de expresar.

No te pido que me des un trato especial. No estoy enferma, no tienes que alejarte de mí, solo te pido que consideres algunos aspectos, pues me ha sucedido lo peor que me pudo haber sucedido.
Te pido que no tengas temor de pronunciar el nombre de mi hijo, ya que él vivió, vive aún en mí y fue y es muy importante.
Considera lo feliz que me siento de saber que tú también lo recuerdas y hablas de él. Me gusta saber que tú también lo tienes presente en sus cumpleaños y aniversarios.
Considera que pasaré tal vez en un mismo día por diferentes emociones.
Puedo vibrar de alegría al recordar a mi hijo y puedo llorar después por su ausencia.
Tal vez un día estaré feliz y otro día será desastroso para mí.
Te pido que me des espacio para ser libre con mis emociones, aún estoy trabajando en ellas. No me obligues a estar contenta si me ves retraída, porque estoy pensando en mi hijo.
Considera que lo que me ha pasado no tiene nombre. No lo compares a otra situación que te haya sucedido a ti. Perder un hijo no es igual a ninguna otra muerte o evento. Por favor, no hagas comparaciones.
Considera que a pesar de que estoy trabajando en trascender mi duelo y elaborar mis emociones, no sé cuánto tiempo pueda durar esto en mí.
Aunque los profesionales digan que el duelo dura de uno a tres años, a veces pienso que pasarán muchos años para poder superar este trauma.
Dame tiempo, no sé cuánto…


                               Asociación Alma y Vida. Cádiz.

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