Sueños
de plastilina…
Que corren tiempos difíciles, ya lo
he repetido muchas veces. Puede que quien me lea, anónimo o no, piense que doy
demasiadas vueltas a lo mismo, que al final, en alguna línea del texto aparece
una y otra vez el nombre de mi hijo o su recuerdo. Este es mi espacio, una
especie lugar en ninguna parte, en el que nada busco y nada espero, solo
expresar, dejar que las palabras fluyan conforme las tecleo en mi ordenador. No
hay formato predeterminado, todo es espontáneo y surge en el instante mismo en
que lo escribo porque no habla mi cabeza sino mi corazón.
Además de mi hijo, que sigue en mi
vida pero de otra forma, de mis otros
hijos, familiares, amigos, compañeros y conocidos, tengo una personita especial,
la única capaz de dibujarme sonrisas, risas y carcajadas con sólo mirarlo.
Apenas hemos podido disfrutar de él porque está lejos y por las circunstancias
por las que hemos pasado, circunstancias que él también compartió desde su inocencia y su no
saber de la vida, alegrando con sus carreras, gritos y risas, algunos de los
últimos días de la vida de su tío o correteando por la playa el mismo día que nos despedimos de él, el tato Carlitos. El pequeño Fan Fan, no lo
sabe porque sus sueños son como la plastilina, moldeables, son de una forma
para convertirse segundos después en otra y otra y otra…Pero lleva genes de
su tío y eso nos permite reconocerle y revivir las aventuras en las que de
pequeño nos implicó. Mi nieto es una combinación entre la apariencia, la memoria, el porte de
su padre y la habilidad, la destreza y agilidad de su tío. Reboza salud y es un
niño absolutamente feliz, el más guapo para mí, su yaya, su nai nai y entre otros, constituye uno de
los principales asideros que me aferran a la vida, una de las principales
razones que me mueven en esta dinámica de lucha constante para, cerrada las heridas,
disfrutar de él porque no quiero perdérmelo ni quiero que él se pierda aquellas
cosas que sólo las abuelas somos capaces de dar. Te quiero mi pequeño Fan Fan,
ya tendrás tiempo de saber cuánto.
Sibila Cumana.
Nuestro primer encuentro con la plastilina
