Camino de la aceptación…



             

             
           A veces bicheo por Internet buscando nada en concreto y sin saber cómo, acabo en una de tantas páginas que hablan sobre el duelo, su proceso, sus fases…En realidad intento encontrar unos parámetros con los que medir mi situación emocional actual tan fluctuante, tan versátil, tan de montaña rusa, tal vez porque estas sensaciones me producen un gran desconcierto. Supongo que quienes me ven desde fuera tendrán otra perspectiva,. Yo siento que doy pequeños pasos hacia adelante, interrumpidos por algunos retrocesos que me llevan de nuevo hasta el principio, haciéndome caer en el rechazo, la ira, el rencor,  la no aceptación de lo que ha pasado. Lo vivo como una rabieta, lloro, pataleo y me levanto porque a pesar de todo sé que tengo que seguir.
            Esta semana he dado un paso importante. Compré una funda en la que guardar la ropa que tengo de mi hijo. Las últimas prendas que se puso, las gorras,  un pantalón de chándal y otras posesiones valiosas para él. La más importante para mí está dentro de una bolsa, doblada: una camiseta que le regalé y que llevaba el día en que se marchó para siempre. No hubo una recreación especial, lo hice como cualquier madre mira las cosas de sus hijos cuando fueron pequeños, evocando la historia de cada objeto, contándola o pensándola, esbozando sonrisas y las más de las veces, con la nostalgia que produce el recuerdo de los momentos felices. Así guardé todo y lo puse en mi armario, a buen recaudo. Ni a mano, ni escondido, entre mis cosas y mi ropa.
            No puedo negar que todo se me revuelve por dentro, que el dolor sigue siendo grande, que se hace larga la infinita espera, que su ausencia y el vacío dejado a veces se instala y aparece como algo estable y permanente. Pero yo sé que camino, que doy diminutos pasitos como el bebé que echa a andar. Como ellos, mis pasos son indecisos e imprecisos y carecen de la firmeza de la pisada de un adulto. Sin embargo nunca llegaré a caminar firme si me paro y en ello estoy. “La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir un ser humano” Sé que estoy en el camino de la aceptación, sólo necesito tiempo. También sé que sólo el tiempo me devolverá la persona que siempre he sido,  transformada, reconstruida, pero yo.

Sibila Cumana.

Para profundizar sobre el duelo, sobre quienes lo protagonizamos, sobre cómo ayudar, pincha aquí:  <http://www.vivirlaperdida.com/comoayudar.htm>









  

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