Qué dificil es vivir sin tí...Hoy es tu cumpleaños.


Busquemos como quienes van a encontrar y encontremos como quienes aún han de buscar, pues cuando el hombre ha terminado algo, entonces es cuando empieza” (San Agustín).
           



            Érase una vez un día primero de mayo de 1984. Llovía, llovía mucho. Esperábamos nuestro segundo hijo pero aún quedaba por lo menos una semana más según los cálculos que, en una rueda de cartón, llevó a cabo el ginecólogo.  Sin embargo, el momento esperado se adelantó. A media noche sonó la alarma de las contracciones que al principio me confundieron pero que ya amanecido el día no dieron más lugar a dudas. Levantamos a nuestro hijo mayor, que tenía tres años y le llevamos a casa de los abuelos, mis padres. Le explicamos que su hermanito estaba a punto de nacer y nos fuimos a la clínica.
           Si por casualidad hubiéramos tenido que echar gasolina o tenido algún percance, hubiera parido en el ford fiesta rojo, nuestro coche de entonces. A las nueve llegamos a la clínica. Diez minutos después nacía mi segundo hijo. Le tuve en mi regazo tras oírle llorar. Su llanto, su pelito rubio, ese cuerpecito rosado de apenas 3,400 kl, sintió todo mi amor y mi llanto de alegría por primera vez. Él y yo, en perfecta armonía, en un momento orquestado por una joven matrona que me hizo vivir el parto totalmente consciente, despierta, cosa que hoy agradezco.
            Mi hermano, con esa chispa de gracia que siempre ha tenido, dijo que había que afiliarlo a CC.OO. que por algo había nacido el día del trabajo…No sabíamos que Carlitos, trabajar, lo que se dice trabajar, no fue nunca su punto fuerte. Además de esta anécdota que siempre contamos, recuerdo que no durmió hasta bien entrada la noche, algo que nos sorprendía a todos. Sus ojitos se mantuvieron abiertos como dos grandes ventanales decididos a dejar que la vida entrara por ellos. Hoy por hoy pienso que su espíritu conocía su destino mucho antes que su naturaleza humana. Tenía poco tiempo y mucho por hacer. Tal vez por eso, vivió poco pero muy intenso. Tal vez por eso, cuando tuvo que afrontar su segundo sarcoma, su vida cambió drásticamente. Encontró a una chica que le quiso y a la que quiso como a ninguna otra, se independizó y fue feliz durante apenas ocho cortos meses, durante los cuales dejamos atrás nuestras diferencias y mantuvimos una relación estrecha, de madre e hijo, siempre contando con mi complicidad. Puede que hayamos discrepado en casi todo pero siempre tuvo y supo de mi lealtad hacia él. Ese fue el hilo conductor de nuestras vidas, él siempre supo de mi complicidad y de mi lealtad aún por encima de mis posibles errores.
            Hace un año, en su casa, comimos juntos y le regalé una hamaca de lona, para que tomara el sol en verano. Él me explicaba sus planes, sus proyectos. Se había convertido en un joven maduro, más asentado y sensato cuya principal ambición era vivir tranquilo en una casa con un cachito de tierra para un huerto, tener su perro y sus gatos y vivir. Después de haber tenido sueños de grandeza, tuvo el más modesto de los deseos, ese que tenemos cuando ya somos maduros: vivir tranquilo. No pudo ser hijo, no tenía que ser por alguna razón que nunca entenderemos. Cuídanos y protégenos. Feliz no cumpleaños.

Sibila Cumana. 


 P.D. Amaia Montero escribió está canción dedicada a su padre que murió de cáncer poco tiempo antes. La muerte de mi padre -dijo en una entrevista- me cambio totalmente la vida, ha sido la cosa más horrible a la que me enfrentado en la vida muy por delante de cualquier otra. Pero he aprendido a seguir hacia delante, mejor o peor, pero siempre sonriendo y encajando los golpes como sea. Estoy contigo.
<http://www.amaiamontero.cl/amaia-montero-la-muerte-de-mi-padre-me-ha-cam>


 

           

Entradas populares de este blog

Tú, yo, nosotros...

Viviendo en un ascensor...

De regreso de la calle Fontanares...