Comenzaron
las “jornadas de puertas abiertas…”
Continúo con mi casa patas arriba. No tengo un solo
mueble en su sitio, duermo en una especie de trastero y hoy comienzan las
“jornadas de puertas abiertas”… El pintor se encargó de no dejarme ni una habitación en la que encerrarme a cal y canto. Las puertas, liberadas de bisagras y
picaportes, andan de un lado para otro,
apoyadas en las paredes preparándose para cambiar de aire. Con este
caos a mi alrededor, sin orden ni concierto, yo, metódica y ordenada que necesito
cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa, espero paciente a que poco a
poco todo vuelva a estar como estaba, pero mejor.
En estas reflexiones, me da por
pensar que así estoy, que así me siento por dentro. Mi ánimo desordenado, las
ideas desencajadas, el espíritu recuperando su armonía y las emociones, como las puertas, de abajo
arriba y de arriba abajo.
No me cabe la menor duda, es un
momento de cambio, lo que implica renovación, pasarlo todo por un filtro capaz
de purificar y limpiar la atmósfera contaminada. Es un trabajo ímprobo, pero
gratificante. Algo así como dejar de fumar. Te agudiza nuevamente el olfato y
el gusto. Empiezas a diferenciar los olores, la ropa te huele a limpio,
saboreas las comidas y tu propia boca sabe mejor. No es fácil, hay que ser
perseverantes y al final te alegras.
Y es que en realidad hay muy pocas
cosas importantes en esta vida. Desgraciadamente no podemos coger vez ni para
llegar ni para irnos. Así que venir a este mundo es un regalo –que no un favor-,
sobrevivir un reto constante y saber
disfrutar un aprendizaje que no tiene fin. Así pues, la vida como los buenos
vinos, hay que apurarla hasta el final pero saboreándola sorbo a sorbo. Ya lo
decían los romanos según nos relata San Pablo en su epístola a los Corintios: Si los muertos no resucitan, comamos y
bebamos que mañana moriremos. Queda claro que fue una cultura basada en un
gran pragmatismo. Tal vez no fueron tan malos como nos quisieron hacer creer o quizá nunca nos han contado la verdadera
historia de la Historia.
Sibila Cumana.
P.D.
¿Se nota mucho que no puedo hacer otra cosa, ni estar en otro espacio que no
sea este blog? Ganitass de acabar la obra...
Luz Casal, canta a la vida con la misma fuerza con la que lucha contra el "monstruo".