Los días que se transforman en semanas...Y las semanas en el primer mes. 
(14-febrero-13/14-marzo.13)





Llegamos a este mundo sintiendo la pérdida del útero de nuestra madre, aquel mundo perfecto que nos había creado. Somos arrojados a un lugar en el que no siempre nos alimentan cuando tenemos hambre y en el que no sabemos si nuestra madre volverá a nuestro lado cuando se aleja; un lugar en el que nos gusta que nos sostengan en brazos, pero donde, de repente, nos dejan sin más. Donde a medida que crecemos perdemos nuestros amigos cuando ellos o nosotros nos mudamos, y a nuestros juguetes, cuando se rompen o los extraviamos y donde también perdemos el campeonato de béisbol. Donde tenemos nuestros primeros amores, pero los perdemos. Y la lista de pérdidas no ha hecho más que empezar. Durante los años siguientes perdemos profesores, amigos y los sueños de la infancia. Todas las cosas intangibles, como los sueños, la juventud y la independencia, al final se desvanecen o terminan. Todas nuestras pertenencias son solo un préstamo. ¿Acaso fueron alguna vez verdaderamente nuestras?. Nuestra realidad en esta tierra no es permanente, tampoco lo son nuestras propiedades. Todo es temporal. La permanencia es imposible y al final aprendemos que no hallaremos la seguridad en el intento de conservarlo todo ni rehuyendo la experiencia de la pérdida. La verdad es que, no nos gusta ver la vida desde esta perspectiva. Nos gusta fingir que siempre gozaremos de la vida y de las cosas que hay en ella, y no queremos enfrentarnos a la última pérdida que viviremos: la muerte misma.
La mayoría de nosotros nos resistimos y luchamos contra las pérdidas que experimentamos a lo largo de nuestras vidas, y la vida es pérdida. La vida no puede cambiar y nosotros no podemos crecer si no existe la pérdida.
Hay cinco etapas que describen la forma en que reaccionamos frente a cualquier pérdida, no sólo ante la muerte. Estas etapas pueden aplicarse a todas nuestras pérdidas, ya sean grandes o pequeñas, permanentes o temporales. Negación,  rabia,  negociación,  depresión y aceptación.
            Las pérdidas se sienten como se sienten. Nos hacen sentir vacíos, desvalidos, paralizados, inútiles, rabiosos, tristes y temerosos. No queremos dormir o bien queremos dormir continuamente; no tenemos apetito o queremos comer todo lo que encontramos. Podemos ir de un extremo a otro o pasar por todas las etapas intermedias. Experimentar cualquiera de estas sensaciones o todas, forma parte del proceso de sanación. Quizás lo único cierto respecto a la sensación de pérdida es que el tiempo lo cura todo. Es seguro que sanaremos y que volveremos a sentirnos completos. Quizás no recuperemos lo que hemos perdido, pero sanaremos. Y en un momento de nuestro viaje por la vida, descubriremos que nunca tuvimos realmente, del modo que creíamos, a la persona o la cosa por cuya pérdida nos lamentamos. Y también comprobaremos que siempre la tendremos, aunque de un modo distinto. Aspiramos a sentirnos completos. Esperamos poder conservar a las personas y las cosas exactamente como son, pero en el fondo sabemos que no es posible. La pérdida es una de las lecciones más difíciles de la vida.

                                                           E. Kübler Ross



 (Sibila Cumana en este día tan especial, prefiere el silencio. Hoy te regalo los sonidos de mar Carlitos...Espérame donde quiera que estés.)       

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