Desde Xixón...


             La ciudad me recibe bajo un cielo gris plomizo  sobre mi cabeza y una alfombra verde de praos bajo mis pies, hasta donde alcanza mi vista. Presta -como dicen aquí- observar tanto lo uno como lo otro porque es lo propio de la tierra, aunque enseguida el cielo comienza a abrirse mostrando los auténticos colores de la pequeña urbe. Gijón no rezuma esa rancia nobleza que se respira Uvièu -la capital- con grandes y sobrios edificios, sus plazas y avenidas floreadas y esculturas por doquier...Esta es una ciudad más abierta y dinámica que ofrece a vecinos y visitantes una amplia oferta cultural y de ocio. Parapetada tras el Muro -la playa de San Lorenzo- entre Cimadevilla, el puerte marítimo y el parque Isabel la Católica al otro extremo, -junto al denominado "Kilometrín", donde jóvenes y menos jóvenes deportistas van a correr en torno a un circuito de 1 km- se despliega el resto de la villa exhuberante, llena de luces, atrayente y atractiva, dispuesta para ser conquistada. En ella te mueves con libertad porque buscas los ambientes que van más acorde contigo, desde una pequeña sidrería de barrio a otras ya míticas del centro como La Galana, el Lavaderu, la Chalana...en todas por apenas 2,50 euros puedes tomar una sidrina con ricos pinchos que se desperdigan por las barras distrayendo la mirada -sobre todo- de quienes vivimos ajenos a estas costumbres.
                 Ahora vivo -temporalmente- en el barrio de las sidrerías, como es conocido. Y es que nada más salir te tropiezas con un sinfín  de locales regentados por familias del mismo que frecuentemente están  visitados  por los vecinos. En ellos coinciden a diario jóvenes y mayores que salen a tomar unos culetes y a socializar con los amigos. Esta zona es muy cosmopolita, poblada por jóvenes familias integradas en este modo de vida, a pesar de conservar y transmitir sus tradiciones y raíces. Una largísima calle, abarrotada de pequeños comercios -bautizada como avenida "Chul" por el abundante comercio oriental- vertebra esta parte de la ciudad, que es la más poblada y comercial. Se ven mucho niños en los parques, en los polideportivos, con patines, con bicis...son los nuevos asturianos, los guajes que llenan de sonidos y voces nuevas este lugar.
                     Aquí paso las mañanas tranquila, a mi aire, intentando curar esta profunda herida que apenas me deja pequeños espacios, rendijas por donde a veces se cuela una escueta sonrisa, mientras durante unos pocos segundo olvido lo que ha ocurrido y que por ello estoy aquí.  Me resulta dificil sentirme bien. Sé que la vida es un regalo y no una carga, pero no soy cápaz de vivirla, es algo que tendré que aprender de nuevo. Estoy bien, aunque echo de menos mi casa y mis cosas, porque todas ellas me hacían sentir segura. Entiendo que no es bueno atricherarme allí como si de una fortaleza se tratara, por eso he venido, para dejarme cuidar y dejarme querer, cosa que no pongo nada fácil. Necesito tiempo. Mientras, intento ser agradecida a quienes están cerca de mí en la lejanía y sobre todo en la distancia corta.

                                               Sibila Cumana





                
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