El oráculo de la Sibila dice: "A veces las cosas no son
como uno/a quisiera…Pero siempre son
como deben ser".
Ayer día 15 de febrero despedimos a mi hijo
Carlos entregando sus cenizas al mar y flores blancas como la luz que guió su
tránsito en el último tramo de su corto camino. Sus seres más queridos le
acompañamos y brindamos por la vida y por la muerte que no es sino una nueva forma
de vida. Hoy siento el enorme vacío de la pérdida, las imágenes que van y vienen
de todo cuanto hemos vivido, sintiendo el cariño y afecto recibidos de cuantos
han compartido mi pérdida. Quise y quisimos despedirnos como él hubiera
querido. Escribí estas palabras dictadas desde el corazón e inspirada desde el
amor y el respeto que siento por él. No es sino un homenaje a su persona y una
manera de agradecer a quienes le acompañaron, le conocieron y cuidaron durante su
larga enfermedad.
Hasta siempre Carlitos…
Queridos familiares
y queridos amigos/as:
No hay dolor más desgarrador ni más intenso
que el producido por la pérdida de un hijo,
ni mayor sensación de paz que verle marchar habiendo tenido el
privilegio de poder cuidarle y quererle hasta el último instante. No hay amor
sin generosidad ni sacrificio, por eso le dimos la libertad, cortamos las
cuerdas que lo ataban a esta vida para poder iniciar su andadura hacia la luz
libre ya de toda atadura. Libre y sin
miedo porque susurramos de vez en cuado en su oído, cuánto le queremos,
que estaremos bien y que no le olvidaremos .Él velará por nosotros el resto de
nuestras vidas.
Carlos, nuestro hijo, fue un joven
lleno de proyectos e ilusiones, a veces le criticamos que forjara castillos en el aire y de hacer
promesas que no cumplía…Los padres estamos para eso. Lástima que al nacer no
traigamos bajo el brazo una hoja de instrucciones y una llave allen…Sería más
fácil, pero no tendría mérito. La enfermedad lo doblegó, limó algunas asperezas de su carácter, suavizó sus gestos,
le aportó un conocimiento y una sabiduría sobre la vida y las personas que no
se aprende en ninguna universidad que no sea la vida misma y ahí tuvo que
hacerse un doctorado aunque no fuera esa su intención.
O estabas con él o contra él. No
había término medio. Y si le querías ya le querías para siempre. Por encima de
todo quisiera destacar que fue un paciente ejemplar y sufrido. Soportó multitud
de pruebas, de analíticas, de sesiones de quimioterapia, de operatorios y
postoperatorios sin una sola queja y salvando los comienzos, en los que se
encontraba en esa fase de negación de la enfermedad, se volvió agradecido para
quienes le cuidaron: médicos, enfermeras, celadores, limpiadoras…dándoles las
gracias a todos. Siempre mantuvo una actitud optimista ante la enfermedad,
nunca se rindió ni se dio por vencido. Pero vino a este mundo a cumplir una
misión y por mucho que nos cueste aceptarlo y menos entenderlo, ya la ha
cumplido. Sólo el tiempo nos hará comprender lo que hoy es una sinrazón.
Davinia, su novia, le trajo la fe y la esperanza en un futuro que proyectaron juntos. Ella le ha
mimado, cuidado, y mantenido a su lado con una fuerza, amor y entereza impropia
de una chica tan joven. Su hermana fue en sus últimos
días un pilar esencial a quien confió sus cuidados, fue su cómplice y junto con
su prima Ica y su novia compartieron sus
últimos instantes de vida.
A sus
tíos y primos que han estado siempre pendientes de él tanto en la cercanía como
en la distancia, atentos a sus necesidades, haciéndole llegar por mensajes,
teléfonos, whatsapps su apoyo y cariño, en particular sus primos de Sevilla
quienes le acompañaron en todos los largos ingresos.
A sus amigos, especialmente a David,
infalible, infatigable, fiel en la amistad como ningún otro. A Kuko, su primo,
su hermano y sobre todo su amigo, su cómplice con quien compartió su gran
pasión por la playa, el sol, los chiringuitos, las chavalas y la buena vida. A
Ión que fue como otro hermano y para mí otro hijo de quien cuidar durante su etapa de estudiante. Y a otros muchos cuyos nombres no recuerdo
pero que estuvieron pendientes y atentos.
Al personal de la quinta planta de
oncología y tercera ampliación de traumatología del hospital Virgen del Rocío,
que fue nuestra casa durante muchos meses. Su profesionalidad impecable, su
calidad humana incuestionable. Ellos hicieron que los días transcurrieran en un
ambiente de cariño y afecto que no pueden describirse.
A Pilar Sancho, su oncóloga a quién
se vinculó de manera especial por cercanía de edad con quien tuvo feeling desde
el principio. Sabemos que estamos en su corazón y ella en el nuestro y en
nuestra memoria para siempre.
Al equipo de paliativos del hospital
del Puerto Real. No hay palabras que describan el celo, el cuidado, delicadeza
y trato personal con el enfermo y la familia que han sido de una exquisitez
espléndidas. De manera particular a Mercedes, su medica de cabecera, compañera,
amiga quien puso a nuestra disposición sus conocimientos, su profesionalidad y
en ocasiones su cordura a fin de que todo fuera bien acompañándonos hasta el
último momento y a Beni, la enfermera, quien nos enseñó a manipular la vía subcutánea,
los cuidados personales, nos escuchó, nos consoló, nos ayudo. Nunca
encontraremos la forma de mostrar nuestra gratitud Ellas formaron parte de la
familia hasta el momento final en que supieron darnos el apoyo y el cariño que
necesitamos.
A los compañeros/as de los
Institutos “Sancti Petri” e “Isla de León” cuyos equipos directivos facilitaron
y comprendieron en todo momento nuestras ausencias y cubrieron nuestros
horarios.
A todos ellos y a cuantos habéis
venido a acompañarnos, compañeros/as, amigos/as, gracias por compartir nuestro
dolor. Toda la familia agradece vuestro interés y os pide respeto y silencio
para nuestro duelo.
Nuestro hijo descansa en paz, libre,
transformado en una preciosa mariposa que cuidará por siempre de nosotros. Ya no
sufre, no necesita prótesis, ni bastones y será eternamente feliz. Dios quiso
que así fuera aunque no lo entendamos. Su cuerpo nos abandonó, su espíritu
forma parte ya de la energía universal que nos envuelve a todos. Allí donde
estés hijo, cuídanos y ven a nuestro encuentro cuando llegue el momento. Gracias
por cuanto nos has enseñado. Tus padres,
hermanos, familiares y amigos nunca dejaremos de quererte y jamás te dejaremos en el
olvido.
Nuestro recuerdo para Emilio, Antonio, Manuel de Moguer, Manuel de Sevilla y Dani, algunos
compañeros víctimas de esta enfermedad, con quienes compartimos nuestras largas
estancias en el hospital. Todos y cada uno de ellos dejaron su impronta en
nuestras vidas y su recuerdo imborrable en nuestro corazón.
Chiclana
a 15 de
febrero de 2013.