Mi
duelo y el reyki…
Cuando hace dos años me acerqué a la que hoy es mi maestra de
tai chi chuan, Luisa, le dije que necesitaba practicar una disciplina que me
aportara serenidad y calma interior, que mi vida había sido muy agitada en los
últimos años por la enfermedad de mi hijo y que en ese momento él se había
independizado, vivía con su novia y estaba feliz. Me parecía adecuado comenzar
a crear mis propios espacios y llenarlos con todo aquello que por las
circunstancias no había podido hacer. Me invitó a que asistiera a una de sus
clases, me presentó a los compañeros, me reencontré con Tere - una vieja amiga-
y me quedé. Mis torpes movimientos, mi falta de coordinación y una lateralidad
mal definida, no han sido obstáculos para comenzar esta práctica que cuando llega a ti
te engancha y se va convirtiendo en un modo de vida. No es como ir a jugar un
partido de padel o badminton que se termina y se acaba. No. El tai chi te
invade y se queda en ti tan suavemente
como lo son sus movimientos.
Yo no lo he sabido hasta ahora,
porque en la vida como en un puzzle, todo va encajando y ese maremagno de
piezas inconexas, cobran sentido cuando cada una de ellas ocupa su lugar.
Cuando me decidí por el tai chi, en realidad empezaba a prepararme para cuanto
tenía que pasar porque asistiendo a clases conocí a mis compañeros/as, y mi
espíritu se fue abriendo a nuevos espacios que yo desconocía que se
convirtieron en una fuente de vida y riqueza interior, la misma de la que ha
emanado constantemente la fuerza que me ha mantenido durante estos meses.
Gracias a estas personas y otras que están en la misma línea, he leído,
meditado y profundizado para llegar a la misma conclusión que el filósofo
griego Heráclito: todo pasa, nada permanece. He aprendido algo que mi hijo ya había
convertido en el lema de su vida, aquí y ahora, vivir el día a día, sin
proyectos más allá del medio plazo. He descubierto que lo que me quede por
vivir, no puedo vivirlo como lo he hecho hasta ahora, porque los referentes de
mi vida y los paradigmas por los que me he regido, ya no me valen.
Comienzo así mi duelo, como un
proceso de deconstrucción, de derrumbe y derribo de todo lo anterior para
construir nuevas estructuras sobre las que cimentar mi nueva vida. No será
fácil lo sé, pero la voluntad mueve montañas y yo quiero seguir viva y seguir
viviendo, es lo que hizo mi hijo y es mi ejemplo a seguir.
Así que mañana desaparezco durante
12 horas para iniciarme en el reyki, para convertirme en un canal de
transmisión de la energía universal que con el tiempo me capacite para ayudar a
quien lo necesite, especialmente a mi familia y quienes están cerca de mí, a
quienes quiero. Será un día especial. No veo mejor manera de comenzar una nueva
etapa en este largo duelo, que como su mismo nombre indica, es insoportablemente
doloroso. Espero reencontrarme conmigo misma, compartir e impregnarme de
energía positiva con la que alimentarme y que me ayude a curar esta profunda
herida.
Sibila
Cumana
http://www.reikiactivo.com/es/reiki/def/iniciacion/
Si teneis curiosidad por saber sobre reyki os dejo este link.
Sibila Cumana