Algunos
hombres buenos…
A los hombres de su generación, nuestra
cultura machista los ha machacado, educándoles para ocultar su sensibilidad porque
mostrarla era cosa de moñas, mariquitas y débiles. Los niños no lloran, eso es cosa
de niñas, tú eres un machote y tienes que ser fuerte…etc…El padre de mis hijos
pertenece a una especie en extinción, un eslabón perdido de una cadena que poco a poco toca a su fin Su carácter aparentemente fuerte no es sino
una coraza tras la que esconde su verdadero yo delicado y tierno, un especial
lado femenino que, aunque intenta ocultar, le delata tras los pequeños detalles
y el minucioso cuidado a modo de ritual que pone en cada uno de ellos. Un
hombre recto en su proceder que perdió muy pronto a su madre a la que aún sigue
echando de menos porque el tiempo no ha sido capaz de suplantar su ausencia.
A lo largo de estos años en los que mi hijo
estuvo enfermo, nos vimos obligados a compartir horas y horas de salas de
espera, de diagnósticos, de pruebas. Hemos ido y venido a Sevilla compartiendo
eternos silencios de miedo, de pena, de dolor por nuestro hijo. Noches de
hospital, desayunos que se enfriaban, colas de supermercado y un sinfin de
movimientos diarios en torno al hospital sevillano, convertido en el epicentro que
ha generado una increíble actividad comercial en torno a las necesidades de
pacientes y familiares que van desde un banco de playa para poner los pies por
la noche, hasta todo tipo de bares, supermercados, pensiones y comidas a domicilio.
Las intervenciones quirúrgicas fueron motivo
de reuniones familiares convertidas en pequeñas celebraciones cuando los cirujanos
nos informaban positivamente. Cuando esto ocurría, bajábamos con nuestros hijos
y decíamos ¡hala, vamos a comer, todo ha ido bien! Entonces caíamos en una
especie de optimismo y euforia colectiva y nos creíamos que podríamos ganar la batalla a
la enfermedad. Nunca pensamos que la enfermedad nos vencería a todos.
Estos últimos meses se ha mantenido cercano
y ha sido para mí un apoyo insustituible, porque sólo él y yo podemos compartir
el dolor de un ser que es nuestro porque nosotros así lo decidimos. Nadie es perfecto, todos nos equivocamos, pero tengo la suerte de poder decir que él se
encuentra en ese grupo al que pertenecen algunos hombres buenos.
Sibila Cumana