JUSTIFICACIÓN, A FIN DE ROMPER EL HIELO…

 

 

Hace tiempo que deseo tener un blog, Un espacio propio donde expresarme  y dejar constancia escrita de cuanto repite esa voz que todos oímos en nuestro interior. Palabras  que apenas nacidas mueren,  a veces por miedo, a veces por prudencia, otras por vergüenza…El oráculo de Sibila  es sobre todo un lugar desde el que compartir  pensamientos, reflexiones y experiencias con quienes decidan leerme.

            En la solapa de la contraportada de una de las últimas novelas de Lucia  Etxebarría, en la que  se supone, los autores incluyen una breve biografía y un resumen de sus éxitos literarios, leí que había ganado de pequeña el “concurso de redacciones “ que la multinacional  “coca-cola” convocaba cada año en los colegios fomentando el descubrimiento de autores noveles, aunque en realidad no era sino una forma más de publicitarse y sembrar la semilla a fin de conseguir más adeptos a la ya famosa bebida. A mi me hizo mucha gracia porque pensé: ¡yo también gané ese concurso! (y hasta antes que ella porque le saco unos años…). Ese concurso representó mi primer encuentro con la escritura. Gané una agenda, tuve la fortuna de conocer a don Félix Rodríguez de la Fuente que nos dio una conferencia a los ganadores provinciales, bebimos –como no- un botellín de coca-cola (entonces no había bebidas en latas) y lo mejor, un resumen de mi cuento fue publicado en el periódico más conocido de la provincia con mi nombre a pie de texto.

 Después de degustar las mieles del éxito, mi escritura se tornó algo más intimista: diarios, poesía…El despertar del amor, las primeras miradas, los primeros roces de manos extrañas que poco a poco se vuelven cotidianas, el primer beso, apenas un ligero roce en los labios que te hace levitar y te estremece, los primeros abrazos sintiendo tímidamente otro cuerpo unido al tuyo y especialmente, esa primera vez que alguien te dice las dos palabras claves  y mágicas que dan sentido a todo lo anterior: te quiero… Porque antes, decir te quiero significaba no solo el hecho en sí de querer tal y como todos entendemos, entonces significaba que querías a la otra persona y accedías a estar con ella. Era como el pasaporte que avalaba y revalidaba la relación comenzada.

            Con el tiempo la escritura se volvió menos romántica. El tiempo se lleva una parte de nuestra inocencia, dejándonos huérfanos así del sentimiento más hermoso y una vez que lo perdemos es que ya somos adultos. Nos hallamos en una etapa en la  priman otros objetivos y forjamos las bases de nuestro futuro. Y es este fututo quien nos conduce  a la madurez, nos hace humildes y generosos hasta que llegamos a recuperar un poco de aquella inocencia a la que unimos la sabiduría de la experiencia. Los diferentes tramos de nuestra existencia conforman un ciclo que todos, antes o después, completamos.

 De todo lo vivido y lo que me quede por vivir, de mis pensamientos, mis opiniones, mi cotidianidad, unas veces desde la seriedad y otras desde el sentido del humor que me caracteriza, versará este nuevo blog. Ojalá que os entretenga y os aporte esa calma de no saberse sólo/a en situaciones que bien pusieron ser similares a las mías. A fin de cuentas, los seres humanos no somos iguales pero tampoco tan diferentes.

                                                             Sibila Cumana

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