Gracias tranxilium…
Tuve una compañera (P.M.) que durante el invierno, siempre que ella o sus padres no iban, me dejaba las llaves de una casa en la sierra. Recuerdo como si de ayer se tratara, sus travesuras, sus juegos, sus
sonrisas inocentes de aquellos fines de semana en Benamahoma, un pueblecito donde las gallinas campaban libremente y donde para subir algunas de sus calles el Ayuntamiento había colocado pasamanos. El aire era puro y fresco,
los niños jugaban en la calle sin más peligro que rodar cuesta abajo. Paisajes y vistas maravillosas. Allá donde dirigieras lamirara encontrabas montañas y árboles.
Mi Ford Fiesta rojo iba a tope con la ropa de
todos y tres bolsas con lo que cada uno se llevaba para jugar. Al final no
servían de nada porque pasaban las horas
con los palos, las ramas de los árboles y cuanto encontraban por allí.
Nos pegábamos a la chimenea y cuando ya estaba prendida, me dedicaba a
sintonizar una pequeña tele –en blanco y negro- con una antena que no daba sino
para ver pantallas y pantallas de esos puntitos que llamábamos “nieve” o esas
rayas horizontales que deformaban la imagen llamadas “interferencias”. De esas
cosas ya no hay, ahora la tele se “pixeliza” y hay que “resintonizarla” Cosas
del progreso…
El caso es que en aquel tiempo, que
contados en años son muchos aunque mi percepción es como si del sueño de una noche
se tratara, mis hijos fueron felices y yo fui feliz con ellos. Así que
pensándolo mejor y sin que me haga falta que el puñetero Froid levante lo que
quede de su cabeza, hoy por hoy y en este mismo instante, se me ocurre:!!!Gracias
tranxilium por hacerme disfrutar de éstos apasionantes
sueños¡¡¡
Sibila Cumana.
( Gracias Eme, por estas bonitas fotos que trajeron a mi memoria mis más gratos recuerdos.)



