Le prochain post, à partir de Paris...
Siempre he pensado que a las ciudades, como a los grandes amores, hay que rondarlas, conquistarlas, enamorarlas hasta que finalmente se rindan a tus pies...Bueno, no ocurre siempre exactamente así con el amor, pero me pareció un simil muy bonito. No obstante, aunque sin tanta poesía, con las ciudadades pasa algo así. Te rondan la cabeza, te atraen como destino por la razón que sea -todas valen- y entonces comienzan lo que nuestros sabios griegos acordaron en denominar las "vísperas". Curiosamente ellos las celebraban. Síii, disfrutaban de lo previo, de la antesala, de la espera, del cosquilleo y revolteo en el estómago del día anterior. A veces, las vísperas son mejores que el día en cuestión. Los preparativos, la ropa, los zapatos, los billetes, las tarjetas, el DNI, el libro, el bolso o mochila de mano... Por las noches intentamos visualizarnos en el lugar, nos vemos integrados en esos paisajes urbanos forjados en la mente, fijados en la memoria. fruto de las búsqu...