Dos...
Después de unos días de incertidumbre y espera, llegó en día 14, el segundo aniversario. Dos años que mi querido hijo murió, dos años que han cambiado definitivamente mi vida y también la de sus seres más queridos y cercanos. Es inevitable que la cabeza me llevara una y otra vez a tan fatídico día, siempre provocandome un nudo en el estómago, una sensación de vértigo y una vorágine de emociones que acaban, casi siempre, en un llanto desconsalado y un dolor desgarrador en el alma. No di a mi hijo un entierro al uso, como todos. Creo en la existencia de un Ser superior y creo que con él iremos cuando esta vida se nos acabe, pero no creo en los intermediarios, en aquellos que se invistieron de una sacralidad que usan en beneficio propio, en esos hombre que predican la pobreza y viven en la opulencia, que hablan de sexo y de matrimonio, siendo célibes y convierten la castidad en una moneda de cambio...Muchos de ellos, no todos...