Las “super woman” no nacen, se hacen…





            Hace poco me dijo mi terapeuta que todos los seres humanos somos débiles por naturaleza. La fortaleza no es más que un vestido que determinadas personas un buen día comenzamos a usar y a partir de entonces quedamos investidas con una especie de coraza. Desde ese momento, supuestamente hemos elegido una actitud frente a la vida. Esto quiere decir que nos creeremos y nos creerán capacitadas para afrontar todo lo que nos venga, ya sea nuestro o no. Lo peor de llevar este vestido es que todos cuantos te rodean te ven también fuerte y es así como empiezan los inconvenientes porque ya no te lo quitas ni para dormir. De pronto te ves convertida en una super woman, (que nada tiene que ver con lo físico) y una vez alcanzado el estrellato ya no puedes sino responder a las expectativas que los demás esperan y reclaman de ti y lo peor, tú misma te exiges estar siempre a la altura de cada circunstancia.
           
       Otro inconveniente de las super woman es vivirlo todo en soledad. Solo en el aislamiento más absoluto, nos desabrochamos este pesado traje para sentirnos, una vez liberadas, como el resto de la humanidad débil, vulnerable, frágil…Sólo entonces nos permitimos llorar desconsoladamente, inconteniblemente, con una total desolación y aún así, somos capaces de recomponernos en un instante si alguien irrumpe este espacio en ese preciso momento de desahogo.
             
         Cuando nos preguntan cómo estamos, siempre decimos: bien, más o menos, tirando, ahí vamos. Es mentira. Si existiera un intérprete que pudiera descifrar estos códigos, la traducción exacta sería: mal, hecha una mierda, harta, llena de rabia, impotente, desesperada, sola, cansada de estar cansada y sin fuerzas para levantar mi espíritu cada mañana, inconforme con lo que me ha tocado y con una necesidad imperante de que algo me salga bien y que esa fuerza superior del universo por una sola vez, me toque con su mano y me transmita lo que vulgarmente llamamos suerte.
             
           Las super woman no existen, somos una invención que hacemos de nosotras mismas, una versión más de la debilidad disfrazada que constituye una pesada carga, aporta muchos sinsabores a cambio de muy poca  satisfacción. No existe quid pro quod en este caso. Si tenéis cerca alguna de estas ficciones, a quienes mucha  gente intenta alagar diciéndole como si de un piropo se tratara: ¡es que tú eres una super woman ¡ Por favor, aprended a mirarnos tal y como somos, no nos ajustéis más el puñetero vestido y ayudadnos a  desabrochar algunos botones a fin de poder respirar mejor. Porque las super woman no nacen, se hacen.

Sibila Cumana.


Entradas populares de este blog

Tú, yo, nosotros...

Viviendo en un ascensor...

De regreso de la calle Fontanares...